Las celebraciones con los brazos al cielo, las camisetas con mensajes bíblicos y los agradecimientos a Dios frente a los micrófonos ya no son escenas aisladas en el fútbol argentino. En los últimos años, una corriente religiosa en particular comenzó a ganar protagonismo entre los futbolistas y a instalarse con fuerza en el ámbito deportivo: el evangelismo.
El fenómeno se manifiesta tanto en gestos dentro del campo de juego como en testimonios personales que los propios protagonistas deciden hacer públicos. Casos como el de Adrián “Maravilla” Martínez, goleador y figura de Racing, se convirtieron en ejemplos emblemáticos. El delantero suele dedicar sus goles a Cristo y ha contado que su acercamiento a la fe se produjo en un momento límite de su vida, durante un período de encierro, experiencia que marcó un antes y un después.
Otro caso resonante es el de David Escalante, delantero que logró un ascenso histórico y utilizó ese momento deportivo para dar un mensaje religioso. Su historia personal incluye una infancia atravesada por la marginalidad, problemas de adicción y una transformación que, según su propio relato, llegó a partir de su conversión. Desde entonces, convirtió su experiencia en una forma de predicación y acompañamiento a otros.
Lejos de tratarse de episodios aislados, la presencia evangélica se repite en distintas categorías y clubes. Futbolistas consagrados y jóvenes promesas expresan su fe en festejos, entrevistas o redes sociales, muchas veces vinculados a iglesias o pastores con los que mantienen un contacto cercano. El rasgo distintivo es la intensidad del mensaje y la voluntad de hacerlo visible.
El evangelismo forma parte del cristianismo protestante y agrupa a múltiples corrientes con prácticas y estilos diversos. A diferencia del catolicismo, no reconoce al Papa como autoridad máxima y pone el acento en la conversión personal, la vivencia activa de la fe y la difusión del mensaje. Esa característica explica, en parte, por qué sus seguidores suelen asumir un rol más predicador en ámbitos públicos como el deporte.
Este crecimiento dentro del fútbol acompaña una tendencia más amplia que se observa en la sociedad argentina. Distintos relevamientos académicos indican que el evangelismo es la religión que más aumentó en cantidad de fieles en las últimas décadas, especialmente en sectores populares, un espacio del que históricamente provienen muchos futbolistas.
El vínculo entre religión y fútbol no es nuevo. Cábalas, rituales y creencias siempre formaron parte del ambiente. Sin embargo, lo llamativo del presente es que el discurso religioso predominante ya no proviene del catolicismo, sino de las iglesias evangélicas, cuyos mensajes se repiten con una impronta similar entre distintos jugadores.
Además, existen organizaciones que articulan fe y deporte, promoviendo encuentros, charlas y acciones dentro y fuera de los clubes. Algunas incluso participan en competencias oficiales y desarrollan actividades sociales, extendiendo su influencia más allá de lo estrictamente deportivo.
Las motivaciones para acercarse al evangelismo son diversas: situaciones personales límite, lesiones graves, pérdidas familiares o el contacto con alguien cercano que ya transita ese camino. Lo concreto es que, en el fútbol argentino actual, la fe evangélica encontró un espacio visible y activo, transformándose en parte del paisaje cotidiano de la competencia local y reflejando un cambio cultural que trasciende la cancha.