El Gobierno decidió dejar entrever que no impulsará una intervención en la Asociación del Fútbol Argentino, pese a las fuertes fricciones que mantiene con su titular, Claudio “Chiqui” Tapia. En el entorno oficial reconocen que avanzar sobre la estructura de la entidad sería políticamente complejo y de difícil ejecución, sobre todo por el respaldo que el dirigente conserva entre los clubes.
A pesar de no contemplar medidas directas, dentro del Ejecutivo consideran que la figura del presidente de la AFA quedó debilitada por las controversias recientes. Por eso, la estrategia será mantener una postura crítica hacia su gestión, buscando erosionar su influencia sin recurrir a acciones institucionales.
El conflicto entre ambas partes se intensificó tras las diferencias en torno a los proyectos para modificar la organización del fútbol argentino, incluyendo el debate sobre las Sociedades Anónimas Deportivas. Estas iniciativas encontraron resistencia en distintos sectores del ambiente futbolístico, lo que derivó en un enfrentamiento público.
En este escenario, la conducción de la AFA continúa recibiendo adhesiones desde diversas organizaciones del deporte, lo que refuerza la posición de Tapia y dificulta cualquier intento gubernamental de intervenir en la vida interna del fútbol argentino.
Por ahora, la postura oficial es sostener la presión política sin avanzar sobre la estructura institucional de la entidad. En el corto plazo, no se prevén movimientos directos, aunque el clima entre ambas partes sigue tenso y el rumbo del conflicto permanece abierto.