El mundo del fútbol quedó sacudido este martes con la muerte de Mircea Lucescu, uno de los entrenadores más emblemáticos de Rumania, quien falleció a los 80 años en Bucarest tras permanecer internado por una grave afección cardíaca.
El experimentado DT había sufrido una descompensación durante la última fecha FIFA, mientras preparaba un amistoso ante Eslovaquia, pocos días después de que su selección quedara eliminada en el repechaje europeo frente a Turquía rumbo al Mundial 2026. Su estado de salud se deterioró con el paso de los días y, pese a los esfuerzos médicos, no logró recuperarse.
La noticia generó un profundo impacto en su país y en el ambiente futbolístico internacional. Desde la selección de Rumania lo despidieron con un emotivo mensaje: “Murió un hombre que fue más que un entrenador, el que nos enseñó que el fútbol no es solo un deporte, sino una forma de vivir dignamente”.
Lucescu había iniciado su segundo ciclo al frente del seleccionado en agosto de 2024, con la ilusión de devolver a Rumania a una Copa del Mundo. Sin embargo, la eliminación en el repechaje marcó su último desafío en el cargo.
Considerado una figura central en la historia del fútbol rumano, su legado trasciende generaciones. Fue capitán del seleccionado en el Mundial de 1970 y, años más tarde, se convirtió en el primer entrenador en clasificar al país a una Eurocopa, en 1984.
A lo largo de su extensa carrera como director técnico, acumuló más de 30 títulos, consolidándose como uno de los nombres más influyentes del fútbol europeo.
Su muerte deja un vacío enorme en el deporte, pero también una huella imborrable marcada por su pasión, liderazgo y amor por el juego.