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Deportes

¿Para qué queremos un natatorio los santiagueños?

El Natatorio Madre de Ciudades ya tiene su respuesta: campeones, inclusión y una política de Estado que empezó a dar frutos.

Hay preguntas que no se responden con discursos. Se responden con hechos. Durante años, frente a cada gran obra deportiva, alguien pudo preguntarse: “¿Para qué queremos un natatorio los santiagueños?”. La respuesta, hoy, ya no está en una promesa ni en una maqueta. Está en el agua. En los chicos que entrenan todos los días. En las familias que acompañan. En los campeones que salieron de allí. En una provincia que dejó de mirar desde lejos a la natación de alto rendimiento.

En diálogo con Ariel Sequeira, en el programa Actualidad Política, el profesor Carlos Dapello, secretario de Deportes de Santiago del Estero, puso en perspectiva el valor del Natatorio Olímpico Madre de Ciudades como parte de una política pública sostenida en el tiempo. No se trata únicamente de una pileta de nivel olímpico. Se trata de una decisión de Estado: invertir en infraestructura, formar deportistas, abrir oportunidades y poner a Santiago en el calendario nacional de las disciplinas acuáticas.

La historia reciente le da volumen a esa mirada. El Natatorio Olímpico Madre de Ciudades no solo recibe competencias: también produce resultados. En abril de 2026, el equipo anfitrión se consagró campeón del Torneo de Natación Verano 2026, con más de 300 nadadores participantes y con actuaciones destacadas de Matías Sosa González y Máximo Córdoba Vizcarra, integrantes de la Selección Argentina y referentes del crecimiento de la natación santiagueña.

 

 

Allí aparece el verdadero sentido de la obra pública deportiva. Un natatorio de estas características no se justifica solo por su tamaño, su tecnología o su belleza arquitectónica. Se justifica cuando empieza a cambiar destinos. Cuando un chico santiagueño puede entrenar en su provincia con condiciones de élite Cuando ya no necesita irse para soñar en grande. Cuando la competencia nacional deja de ser algo que ocurre en Buenos Aires, Córdoba o Rosario, y empieza a pasar también en Santiago del Estero.

Los nombres propios cuentan esa evolución. Máximo Córdoba Vizcarra, perteneciente al equipo del Natatorio Olímpico Madre de Ciudades, se consagró campeón nacional en los 100 metros espalda y fue reconocido como parte de una camada que confirma el posicionamiento del equipo santiagueño a nivel nacional. También fue convocado a integrar la Selección Nacional de Natación, junto con Matías Sosa González, otro producto destacado del mismo proceso deportivo.

La pregunta inicial, entonces, empieza a sonar distinta. ¿Para qué queremos un natatorio? Para que Santiago del Estero no sea solo espectador. Para que sus deportistas tengan casa propia. Para que el deporte no dependa únicamente del sacrificio familiar o de la buena voluntad de un club aislado. Para que haya una estructura capaz de sostener entrenamientos, torneos, formación técnica, inclusión y competencia.

El Natatorio Madre de Ciudades también permitió que Santiago se transformara en escenario de grandes eventos. En 2025, el Campeonato Nacional de Natación de Infantiles y Menores reunió a más de 800 nadadores de 100 instituciones del país, además de representantes de Uruguay y Brasil, consolidando al complejo como una de las sedes relevantes para el desarrollo de las disciplinas acuáticas.

Ese es otro punto central del planteo de Dapello: el deporte como política de Estado no se agota en el medallero. También genera movimiento turístico, hotelero, gastronómico, institucional y simbólico. Cada torneo trae delegaciones, familias, entrenadores, dirigentes y público. Cada competencia posiciona a Santiago. Cada nadador que llega desde otra provincia se encuentra con una infraestructura que antes parecía impensada para esta región.

Por eso el Natatorio Madre de Ciudades es más que una obra. Es una señal. Dice que Santiago puede organizar. Que puede competir. Que puede formar. Que puede recibir a los mejores. Y, sobre todo, que puede mirar al futuro sin pedir permiso.

En una entrevista reciente con LV11, Dapello ya había remarcado que Santiago del Estero se convirtió en una “marca registrada” por la calidad de sus eventos deportivos y defendió la continuidad de una política que ubicó al deporte dentro de una estrategia de desarrollo provincial. Esa definición encuentra en el Natatorio uno de sus ejemplos más claros.

Porque una política de Estado no se mide únicamente el día de la inauguración. Se mide años después, cuando aparecen los frutos. Cuando los chicos entrenan. Cuando los entrenadores forman. Cuando llegan las medallas. Cuando una provincia que antes miraba de costado empieza a tener protagonistas propios.

Por eso, ante la pregunta “¿Para qué queremos un natatorio los santiagueños?”, la respuesta ya no necesita demasiadas explicaciones: para que de Santiago también salgan campeones.

 

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