Un hombre de Australia protagonizó una historia tan conmovedora como inusual al decidir criopreservar a su perra luego de que fuera diagnosticada con cáncer terminal.
Ante la devastadora noticia, optó por invertir una importante suma de dinero y viajar miles de kilómetros hasta Estados Unidos, donde contactó a una institución especializada en criogenia.
El procedimiento consiste en conservar el cuerpo a temperaturas extremadamente bajas, con la expectativa de que en el futuro los avances científicos permitan revertir enfermedades que hoy no tienen cura.
Antes de la criopreservación, el hombre decidió compartir un último viaje junto a su mascota, en una despedida cargada de emoción. Luego, el proceso se realizó de manera inmediata para garantizar las condiciones necesarias de conservación.
Aunque la posibilidad de reanimación aún es incierta y pertenece más al terreno de la ciencia futura que al presente, la decisión refleja la profundidad del vínculo entre humanos y animales, y hasta dónde puede llegar la esperanza frente a una pérdida inminente.