Una historia atravesada por el dolor, el abandono y, sobre todo, el amor incondicional salió a la luz en las últimas horas y generó una fuerte repercusión en Cartagena. Se trata de una madre que cría sola a sus dos hijas, Olga (18) y Linda (16), quienes padecen retraso psicomotor severo y requieren asistencia permanente.
Según relató la mujer, el padre de las jóvenes decidió alejarse cuando nacieron y nunca más volvió a hacerse cargo. “El papá se fue porque nacieron mal y me dejó todo el peso a mí”, expresó con crudeza, al describir una situación que la obligó a enfrentar sola una responsabilidad total, tanto emocional como física.
Las adolescentes no pueden moverse, hablar ni alimentarse por sí solas, por lo que su madre debe asistirlas en cada actividad diaria: bañarlas, cambiarlas, cargarlas y darles de comer. Esta exigencia constante le ha provocado serios problemas de salud, especialmente en la espalda y los brazos, llegando incluso a sufrir accidentes domésticos por el agotamiento extremo.
A esta situación se suma la soledad. La mujer asegura que no cuenta con ayuda de familiares ni del entorno del padre de las niñas. “A veces me encierro a llorar para que la gente no me vea triste”, confesó, reflejando el desgaste emocional que atraviesa día a día.
Debido a la dedicación absoluta que requieren sus hijas, tampoco puede acceder a un trabajo, lo que la deja en una situación económica crítica, dependiendo exclusivamente de la solidaridad de terceros.
Pese a todo, su fortaleza se sostiene en el amor: “Nunca las voy a dejar solas, aunque llueva, relampaguee o truene”, afirmó, dejando en claro que su compromiso con Olga y Linda es inquebrantable.
En medio de este contexto, un equipo solidario logró acercarse para brindarle ayuda con insumos básicos como pañales, alimentos y asistencia económica. Sin embargo, su historia pone en evidencia una problemática más profunda: la falta de contención y apoyo para familias que enfrentan situaciones de extrema vulnerabilidad.
El caso conmovió a la comunidad y abrió un llamado a la reflexión sobre la importancia de acompañar, visibilizar y asistir a quienes sostienen, en soledad, realidades tan complejas.