La crisis entre Pakistán y Afganistán dio un salto crítico luego de que el gobierno paquistaní anunciara el inicio de un enfrentamiento bélico abierto con la administración talibán, tras varios días de bombardeos y ataques en la zona limítrofe. La escalada representa el punto de mayor tensión entre ambos países desde el regreso de los talibanes al poder.
En ese contexto, Islamabad confirmó una serie de ofensivas aéreas sobre Kabul y otras regiones afganas, mientras que desde el gobierno talibán denunciaron explosiones en la capital y en distintas provincias. Hasta el momento no se difundieron datos oficiales sobre víctimas, aunque las operaciones continúan en distintos puntos estratégicos.
El intercambio de acusaciones se intensificó en paralelo a las acciones militares. Autoridades paquistaníes sostienen que sus ataques estuvieron dirigidos a instalaciones vinculadas a grupos extremistas, mientras que Afganistán afirma que respondió con incursiones transfronterizas y asegura haber tomado posiciones militares del país vecino.
La comunidad internacional sigue de cerca la evolución del conflicto. Desde Naciones Unidas se instó a ambas partes a proteger a la población civil y a retomar canales diplomáticos para evitar una escalada mayor en una región históricamente inestable.