Las delegaciones de Estados Unidos e Irán completaron nuevas rondas de negociaciones en Islamabad y confirmaron el ingreso a una “fase técnica”, un paso clave en el intento por consolidar un acuerdo de paz definitivo en la región.
El diálogo, mediado por Pakistán, busca transformar el frágil alto el fuego vigente en un tratado duradero que ponga fin al conflicto desatado a fines de enero. En esta nueva etapa, expertos de ambas partes trabajan en el intercambio de documentos legales y técnicos para estructurar el posible acuerdo.
A pesar de que el clima fue calificado como “cordial” por fuentes diplomáticas, persisten fuertes tensiones. Uno de los principales puntos de conflicto gira en torno al control del Estrecho de Ormuz, clave para el comercio mundial de petróleo, y a las exigencias sobre la soberanía iraní.
El presidente Donald Trump dejó en claro la postura de Washington: impedir que Irán desarrolle armas nucleares. “No pueden tener armas nucleares, es el 99% de lo que buscamos”, afirmó, marcando la línea roja de la negociación.
En paralelo, desde Jerusalén, el primer ministro Benjamin Netanyahu sostuvo que los recientes ataques debilitaron significativamente a Irán y aseguró que su país mantiene una posición de fuerza en el escenario regional.
Analistas internacionales advierten que esta fase técnica será determinante, ya que se discuten mecanismos de control e inspección que Teherán considera excesivos. Además, cuestiones como la liberación de activos iraníes bloqueados y la situación en el sur del Líbano siguen siendo puntos sensibles.
Mientras tanto, Islamabad permanece bajo estrictas medidas de seguridad, con el epicentro de las negociaciones en el Hotel Serena. La próxima ronda de diálogo será clave para definir si el proceso avanza hacia un acuerdo histórico o si las diferencias vuelven a escalar el conflicto.