La misión Artemis II de la NASA registró un inconveniente técnico poco habitual poco después de su despegue: falló el sistema de inodoro a bordo de la nave Orion.
El problema fue detectado durante una revisión de rutina realizada por la tripulación, cuando la astronauta Christina Koch advirtió una luz indicadora intermitente en el Sistema Universal de Gestión de Residuos.
Según trascendió, el desperfecto afectaba el funcionamiento del dispositivo, que en ese momento permitía una de sus funciones pero presentaba fallas en otra, lo que obligó a activar protocolos de revisión junto al equipo en tierra.
Tras la comunicación con el centro de control en Houston, los equipos trabajaron de manera conjunta y lograron restablecer el sistema unas seis horas después del lanzamiento, según informó oficialmente la NASA.
Este sistema, desarrollado durante décadas, es la primera versión completamente funcional de un inodoro espacial capaz de procesar tanto líquidos como desechos sólidos, e incluso cuenta con una puerta para brindar mayor privacidad a los astronautas.
El episodio recordó los desafíos históricos en las misiones espaciales, donde durante décadas los astronautas debieron utilizar métodos mucho más rudimentarios para gestionar residuos.
A pesar del contratiempo, la misión continúa con normalidad y representa un paso clave en el regreso de los vuelos tripulados a la órbita lunar después de más de medio siglo.