Lo que fue planeado como una expresión artística de "belleza surrealista" se ha transformado en una tragedia que cruza fronteras. La muerte de Chanchal, una elefanta de 65 años, ha desatado una ola de indignación global contra la fotógrafa rusa Julia Buruleva y los responsables del manejo de fauna en los templos de Rajastán.
El origen de la polémica. Hace apenas un mes, imágenes de Chanchal recorrieron las redes sociales: el animal aparecía cubierto con pigmentos de colores, posando en escenarios arquitectónicos históricos. La artista Buruleva defendió su trabajo asegurando que se utilizaron pigmentos naturales y seguros, y que el objetivo era resaltar la conexión mística entre el animal y su entorno.
Sin embargo, las organizaciones de defensa animal no tardaron en alzar la voz:
Estrés térmico: Los elefantes regulan su temperatura a través de la piel; cubrirla con capas de pintura, aunque sean orgánicas, puede afectar este proceso.
Edad avanzada: A sus 65 años, Chanchal era considerada un animal anciano que requería cuidados especiales, no jornadas de exposición y flashes.
Entorno hostil: Las luces y el movimiento de producción en los templos habrían sometido al animal a un nivel de estrés innecesario.
Un final trágico bajo investigación. El fallecimiento de Chanchal, ocurrido tan solo 30 días después de la sesión fotográfica, encendió las alarmas de las autoridades locales. Actualmente, se lleva adelante una investigación oficial para determinar si las condiciones de la producción —incluyendo el traslado y el tiempo de exposición— pudieron haber acelerado un deterioro físico irreversible en el animal.