A más de tres décadas de su hundimiento, el submarino soviético K-278 Komsomolets vuelve a generar preocupación internacional tras confirmarse la liberación de material radiactivo en el Mar de Noruega.
La embarcación se encuentra a 1.680 metros de profundidad y se hundió el 7 de abril de 1989 luego de un incendio a bordo que provocó la muerte de 42 tripulantes.
Según expertos que monitorean el estado del submarino, el principal foco de filtración proviene del reactor nuclear, mientras que los torpedos con cabezas nucleares permanecerían sellados, sin indicios de fuga.
El caso reaviva las preocupaciones sobre los riesgos ambientales asociados a restos militares sumergidos, especialmente aquellos que contienen material radiactivo.
A pesar del paso del tiempo, el deterioro de la estructura del submarino podría incrementar las filtraciones, lo que mantiene en alerta a la comunidad científica y a las autoridades internacionales encargadas del seguimiento.
El K-278 Komsomolets es uno de los casos más emblemáticos de accidentes navales con componentes nucleares, y su situación actual vuelve a poner en debate el impacto a largo plazo de este tipo de siniestros en los ecosistemas marinos.