Un prestigioso psiquiatra fue condenado a 20 años de prisión efectiva en Marruecos tras ser hallado culpable de los delitos de violación, explotación sexual, trata de personas y suministro de drogas ilegales. La aberrante historia criminal salió a la luz de la manera más inesperada: su propia esposa descubrió los abusos al revisar sus dispositivos electrónicos en busca de pruebas de una infidelidad.
El matrimonio tenía planeado un viaje a París para celebrar su aniversario, pero el médico canceló a último momento excusándose en presuntos problemas laborales con su clínica. Ante las sospechas de un engaño con otra mujer, la esposa logró ingresar a la computadora y al teléfono personal de su marido, donde encontró decenas de videos que registraban orgías con pacientes en su propio hogar y en el consultorio.
Falsos tratamientos y abusos
Con estas pruebas incontrastables, la esposa lo denunció ante las autoridades amparándose en la conservadora legislación marroquí. Sin embargo, el avance de la investigación agravó los cargos drásticamente. Las autoridades confirmaron que el doctor drogaba a sus pacientes con cocaína, heroína y alucinógenos, haciéndoles creer que el consumo formaba parte de un tratamiento médico extenso para sanarlas de sus adicciones o problemas de salud mental.
En los allanamientos, los investigadores secuestraron drogas, prescripciones adulteradas, juguetes sexuales y material fotográfico. Las víctimas declararon que el profesional de la salud las sometía a rituales de apariencia litúrgica para abusar de ellas en un estado de vulnerabilidad extrema y las entregaba a otras personas para mantener relaciones sexuales. A pesar del gran temor a las represalias en una sociedad fuertemente machista y patriarcal, cuatro de las diez mujeres identificadas lograron brindar su testimonio oral en el juicio.
Condenas ejemplares
Ante la contundencia de las evidencias, la Justicia condenó al psiquiatra a dos décadas de cárcel por abusar de su posición de poder frente a las pacientes y vulnerar sus derechos elementales.
Asimismo, el tribunal dictó sentencias de cumplimiento efectivo para sus cómplices. El fotógrafo que registraba los encuentros recibió cinco años de prisión; el dueño del establecimiento donde se realizaban algunas fiestas y uno de sus administradores recibieron un año; mientras que el enfermero que conseguía los estupefacientes y el hombre que prestaba su nombre para falsificar las recetas médicas fueron penados con dos años de cárcel.