El nombre de Inés Ramírez Pérez quedó marcado en la historia médica tras protagonizar uno de los episodios más impactantes jamás registrados. Aislada en su vivienda en el estado de Oaxaca, y luego de atravesar más de 12 horas de trabajo de parto sin asistencia, enfrentó una decisión desesperada: actuar por sus propios medios o morir junto a su hijo.
Sin acceso a atención médica y con los centros de salud a gran distancia, la mujer recurrió a un método extremo. Tras ingerir alcohol para mitigar el dolor, utilizó un cuchillo de cocina para realizarse una incisión en el abdomen de aproximadamente 17 centímetros. Contra todo pronóstico, logró dar a luz a su hijo, Orlando Ruiz Ramírez, y ambos sobrevivieron.
El caso, documentado años después por especialistas, es considerado único en su tipo debido a las condiciones en que ocurrió y el desenlace favorable. Sin embargo, más allá del asombro, la historia expone una problemática estructural: la falta de acceso a servicios básicos de salud en comunidades rurales.
A más de dos décadas del hecho, el relato de Inés no solo se recuerda como un acto extremo de supervivencia y amor materno, sino también como un llamado de atención sobre las desigualdades persistentes en los sistemas sanitarios.