Unicef encendió una señal de alarma global frente al avance de la inteligencia artificial aplicada a la producción de contenidos de abuso sexual infantil. La organización solicitó a los gobiernos que penalicen de manera explícita la generación de imágenes, videos y materiales sintéticos que involucren a menores, aun cuando no exista una víctima física directa.
El planteo surge en un escenario de crecimiento acelerado de herramientas de IA generativa capaces de producir imágenes hiperrealistas. Según el organismo, en muchos países la legislación actual no contempla de forma específica este tipo de prácticas, lo que genera vacíos legales que dificultan la persecución penal y permiten la circulación de material ilícito en entornos digitales.
Desde Unicef sostienen que la creación de estos contenidos constituye una forma de abuso en sí misma, ya que alimenta redes de explotación y contribuye a normalizar la violencia contra niños y niñas. Además, remarcaron que el daño no es meramente virtual: tiene consecuencias psicológicas concretas para las víctimas y sus familias.
Uno de los focos más preocupantes es la manipulación de imágenes reales de menores obtenidas en redes sociales. A través de técnicas como el desnudamiento digital y los llamados deepfakes, se generan representaciones sexualizadas que luego se difunden en foros clandestinos y plataformas online.
El organismo aportó un dato que dimensiona la magnitud del problema: durante el último año, al menos 1,2 millones de niños y niñas en 11 países denunciaron que sus imágenes habían sido alteradas para producir contenidos sexualmente explícitos mediante inteligencia artificial. Para la agencia, esta cifra confirma que el fenómeno dejó de ser marginal y adquirió escala global.
Además de reclamar cambios legislativos, Unicef pidió mayor compromiso por parte de las empresas tecnológicas. Entre las medidas sugeridas se incluyen sistemas de detección temprana, marcas de agua digitales inviolables y bloqueos automáticos que impidan generar material que involucre a menores en contextos inapropiados.
Sin embargo, advirtieron que la propia dinámica de la IA generativa complica la moderación. La posibilidad de crear variaciones constantes de una imagen y la velocidad de producción de contenido sintético facilitan la evasión de filtros automáticos. A esto se suma el carácter transnacional de estos delitos, que suele involucrar a distintos países en una misma cadena.
En este contexto, Gran Bretaña anunció su intención de prohibir el uso de herramientas de inteligencia artificial para producir imágenes de abuso sexual infantil, una iniciativa que podría convertirla en pionera en la materia.
Para Unicef, la discusión no admite demoras. El organismo insistió en que la protección de la infancia debe ocupar un lugar central en las agendas públicas y advirtió que, sin normas claras y cooperación internacional, la inteligencia artificial puede transformarse en una nueva herramienta al servicio de la explotación.