Dean Braxton pasó 105 minutos clínicamente muerto tras complicaciones de una operación por cálculos renales en 2006. Los médicos ya habían iniciado los trámites para declarar su fallecimiento cuando, de manera inesperada, volvió a la vida sin secuelas neurológicas, ganándose el apodo de “El hombre milagroso”.
Durante su experiencia cercana a la muerte, Braxton asegura haber visto el cielo, donde lo esperaban familiares fallecidos, ángeles y, según relató, Jesús y Dios. Describe un lugar lleno de paz y gozo, donde incluso plantas y animales parecían conscientes y comunicativos. Al acercarse al “borde del cielo”, escuchó tres veces a Jesús decirle que debía regresar: “No es tu hora. Volvé.”
Desde entonces, su vida cambió por completo. Dedica su tiempo a compartir lo que vio, enseñando a priorizar relaciones, la fe y la ayuda espiritual, asegurando que su misión no es hablar de sí mismo, sino acercar a otros al encuentro con Dios.