A las ocho de la noche del 16 de julio de 1993, el dique de West Quincy cedió. El agua del río Misisipi atravesó la barrera y, en cuestión de minutos, una barcaza fue absorbida por la corriente hasta chocar con una estación de servicio. La explosión que siguió se vio a kilómetros de distancia. El humo y el estruendo marcaron el inicio de una inundación que arrasó con miles de hectáreas de tierras de cultivo, arruinó cientos de edificios y dejó incomunicados a los habitantes de ambos lados del río.
Nadie murió durante la inundación, pero la vida de James Robert Scott cambió para siempre, publica Infobae.
El día que cambió el curso del río y la vida de un hombre
Scott tenía 24 años y vivía en Quincy, Illinois, a solo tres kilómetros del dique. Esa semana, como cientos de voluntarios, se había unido a las tareas para contener la crecida del Misisipi. Colocaba sacos de arena, trabajaba junto a la Guardia Nacional y otros residentes. No era la primera vez que el río amenazaba con desbordarse, pero nadie esperaba que el desastre se desatara tan rápido.
El 16 de julio notó una filtración en el dique. Llamó la atención de un miembro de la Guardia Nacional, lanzó algunos sacos más y, ante la falta de refuerzos, se retiró. Horas después, el agua rompió la defensa. El puente Bayview, que unía Misuri con Illinois, quedó inutilizable. Las pérdidas materiales se estimaron entre 15.000 y 20.000 millones de dólares.
La acusación más insólita: fiestero y saboteador
La fiscalía de Missouri no tardó en señalar un culpable. Scott, con antecedentes por incendios provocados y robos, fue acusado de manipular el dique. La versión oficial era de un absurdo trágico. Scott habría causado la ruptura para impedir que su esposa regresara a casa, con la esperanza de seguir bebiendo con amigos y prolongar una fiesta.
En palabras del fiscal Thomas Redington, Scott “retiró o cortó las láminas plásticas que protegían el dique y cavó un canal para dejar pasar el agua”. Testigos afirmaron que lo oyeron jactarse de su hazaña. La policía lo detuvo en octubre de 1993 por un robo no relacionado con este hecho y, durante el interrogatorio, surgió la sospecha del sabotaje.
No hubo pruebas directas, ni cámaras, ni huellas. La acusación se basó en el testimonio de conocidos y en la reputación de Scott.
Un juicio sin precedentes y dos veredictos idénticos
El primer juicio se celebró en noviembre de 1994. Scott fue juzgado bajo una ley estatal de 1979 que penalizaba “provocar intencionadamente una catástrofe”, un delito de clase A reservado, hasta entonces, para actos de terrorismo o sabotaje grave. El jurado lo halló culpable y lo condenó a cadena perpetua, a sumar a una sentencia previa de 10 años por robo.
El caso se convirtió en una rareza jurídica. Scott es la única persona condenada por ese estatuto en Missouri. El juicio fue trasladado a Kirksville, a más de 100 kilómetros de West Quincy, debido a la presión mediática y social.
En 1997, el Tribunal de Apelaciones de Missouri anuló la condena por “conducta procesal inapropiada” del fiscal. Pero en el nuevo juicio, el resultado fue idéntico: culpable. El segundo jurado deliberó solo tres horas. La sentencia se reinstaló el 6 de julio de ese año.
¿Una condena sin pruebas?
El caso Scott generó una grieta en la opinión pública. Adam Pitluk, periodista y profesor, dedicó años a investigar la historia. Su libro Condenado a la eternidad: La historia del hombre que dicen causó el diluvio y un documental para Vice Network pusieron en duda la versión oficial.
Pitluk sostiene que no existía prueba material. Ningún testigo vio a Scott romper el dique. La condena se apoyó en confesiones indirectas y en la hostilidad del pueblo. Ingenieros citaron que los diques podían ceder solos por la presión del agua. El propio Scott admitió haber movido sacos de un lugar a otro, pero siempre dijo que lo hizo para reforzar la barrera, no para dañarla.
La acusación de que Scott quería impedir el regreso de su esposa para seguir una fiesta fue sostenida por testigos ocasionales, algunos con conflictos personales con él. “La fiscalía hizo un mejor trabajo presentando las pruebas circunstanciales como si fueran sólidas, porque eso es lo único que tenían - declaró Pitluk -. Pero lo que hay que mirar es la ciencia. Este dique se rompió por causas naturales”.