El presidente Mauricio Macri sabía desde hace algunos días que los niveles de pobreza le iban a jugar una mala pasada en medio de la campaña electoral. Pero no tenía en claro el detalle fino de los números. Con el anuncio que realizó el Indec sobre un aumento al 35,4% de la pobreza en la República Argentina, el Gobierno ensayó una respuesta insólita: la Casa Rosada cree que los datos son “arbitrarios”, considera que el impacto de la devaluación o la inflación pegó fuerte en los sectores medios y confía en que las medidas de alivio tomadas serán suficientes para estabilizar una grave situación social.
Apenas unos minutos después de que se dieron a conocer los números del Indec, la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, destacó desde la formalidad del mensaje que “los resultados no son los que esperábamos, ya que nuestro norte es reducir la pobreza y para eso trabajamos todos los días”. Se refería en verdad a una suerte de expresión de deseos y resignación interna que hay en la Casa Rosada, ya que hacia adentro sabían que los niveles de pobreza habían aumentado en los últimos meses fruto de las devaluaciones reiteradas y su impacto en la inflación.