La cuarentena obligatoria arrancó ayer viernes con un alto acatamiento en las principales ciudades del país, donde la circulación era mínima, aunque con algunos episodios de personas detenidas por incumplir la medida dispuesta por el gobierno nacional.
Todavía lejos de la rigurosidad que prometió Alberto Fernández (“vamos a ser absolutamente inflexibles”), ayer comenzaron a verse las nuevas medidas de control para evitar la circulación de personas, con excepción de aquellas que cumplen funciones en actividades esenciales o tienen algún tipo de permiso.
Un caso emblemático fue la estación Constitución, uno de los puntos críticos de la Ciudad de Buenos Aires. Allí, agentes del gobierno porteño y de la policía controlaban a todos aquellos que intentaban ingresar al subte (la misma escena se repetía en otras estaciones). Solo permitían el acceso de quiénes podían justificar su circulación con autorizaciones o el recibo de sueldo.
“A los que no tienen permiso correspondiente se los trata de instruir que vuelvan a sus casas y, en su defecto, son detenidos y puestos a disposición de la justicia”, explicó el secretario de Seguridad porteño, Marcelo D’Alessandro. “En esto vamos a ser muy firmes”, advirtió. La misma advertencia repitieron varios gobernadores provinciales, los encargados de hacer cumplir el aislamiento.
“Hemos desplegado la fuerza de seguridad en toda la Ciudad para que se cumpla con el decreto”, afirmó el vicejefe de gobierno, Diego Santilli, en una conferencia de prensa. D’Alessandro indicó que al habitual dispositivo se agregó que Bomberos, Defensa Civil y el cuerpo de Agentes de Tránsito realizan controles. Santilli también dijo que se comenzará a utilizar el sistema de videovigilancia, que cuenta con unas 10.000 cámaras, para evitar que haya aglomeraciones de personas.