Se sabe que los controles de capitales reducen la salida de dólares de economía, aunque no la eliminan del todo, mientras que constituyen un obstáculo para el ingreso de divisas. En este aspecto, producto de los problemas económicos internos, la Argentina se aisló del exterior en materia financiera antes del aislamiento sanitario por la propagación del coronavirus.
El sacudón político por las elecciones y el cambio de Gobierno precipitó una caída de la economía que ya venía de arrastre desde mayo de 2018, con recesión, devaluación, alta inflación y la imposibilidad de honrar los voluminosos compromisos en dólares contraídos por el Estado.
En el plano financiero, el colapso económico se reflejó en el desplome de precios de acciones y bonos, y el ascenso del Riesgo País, después de las elecciones primarias. En materia cambiaria tuvo el salto del dólar a partir del 12 de agosto y el regreso del “cepo”.
Tras las compra restrictiva y el dólar solidario, a partir del 20 de marzo se añadió una nueva restricción, en realidad un efecto indirecto de la necesaria cuarentena dispuesta por la administración de Alberto Fernández para contener el avance del coronavirus: el cese de la atención al público de forma presencial en las entidades bancarias, detallada en la Comunicación A 6492 del Banco Central.