En este tiempo de cuarentena por el coronavirus nació la solidaridad entre vecinos de edificios que, por la rutina, muchas veces no saben quién vive en el piso de arriba o en la casa de al lado.
Por eso, lejos de aquellos que discriminan, ahora se multiplicaron los que se ofrecen a ayudar a los que lo necesitan. Para darse a conocer, pegan carteles en los ascensores y hacen saber de sus buenas intenciones.
En Almagro, Buenos Aires, son muchos los vecinos solidarios: se ofrecen a pagar impuestos, hacen barbijos y hasta un médico agradece por las aplausos de todas las noches.
En Pilar un vecino decidió sumar su buena onda al ritmo del 2x4: se graba cantando tangos y lo comparte por el grupo de WhatsApp.
Los vecinos del 8°3 de un edificio de la calle Monroe, del barrio de Belgrano, se ofrecen a hacer las compras a personas mayores o que estén en situación de riesgo.
Esta familia de Longchamps hace avioncitos de papel con mensajes positivos y los tiran hasta la casa de sus vecinos para que no se sientan solos.
Un grupo de vecinos solidarios de General Pico, La Pampa, se juntó para coser mamelucos y donarlos al hospital local.