Al personal de la Clínica Geriátrica San José, de Don Torcuato (Tigre), los une la lucha contra la pandemia. La dueña del instituto, Rossana Di Fabbio, y nueve profesionales de la salud, están cumpliendo la cuarentena dentro del centro que alberga a 50 adultos mayores.
A pulmón, los asisten con cuidado ya que, en esta época, son los más vulnerables frente al coronavirus.
“Tenemos a cargo al grupo etario más vulnerable de la sociedad. Desde el momento en que decidimos quedarnos acá por el aislamiento, tomamos los recaudos necesarios para no exponerlos”, afirmó a Clarín la directora Rossanna Di Fabbio.
Como los abuelos extrañan el contacto físico con sus parientes, las enfermeras los ayudan, con paciencia, a hacer videollamadas. Incluso les genera risa que haya quienes no comprenden cómo sus hijos y nietos habitan dentro de las pantallas.
“Nos están cuidando mucho. Se están sacrificando por nosotros”, afirma Rosario García, una de las abuelas que habita en el espacio hace un año. Los dueños y el personal de la clínica, que dejaron su hogar para pasar allí la cuarentena, obtienen los ánimos de la tranquilidad y el agradecimiento que manifiestan los pacientes y sus familiares.
“Por suerte, todos nos sentimos en casa”, concuerdan. Sin embargo, algunas cuestiones indudablemente se alteraron. Una campana suena a cada hora, como recordatorio para baldear con lavandina los espacios y lavarse las manos con agua y jabón. Además, usan un pulverizador para desinfectar la mercadería y la ropa de los profesionales de la salud.