No hay certezas sobre la fecha de regreso a clases. Los tiempos son inciertos. Agosto, en el mediano plazo, es un objetivo posible. Pero en los escenarios que hoy se discuten en los ámbitos educativos no se habla tanto de cuándo: importa más el cómo.
Cuando los alumnos vuelvan a las aulas, la vida escolar ya no será la misma. La pandemia del nuevo coronavirus dejará nuevos hábitos sociales que los estudiantes tendrán que incorporar, además del contenido académico perdido.
¿Se podrá aplicar el distanciamiento social en las aulas? ¿Se suspenderán los recreos? ¿Entrarán todos los alumnos a la misma hora? ¿Se izará la bandera? ¿Qué pasará con los talleres extraescolares? ¿Y el viaje de egresados para los que terminan el ciclo?.
No están todas las respuestas escritas aún. Los manuales de nuevas prácticas escolares están en plena redacción. Hay algunos bocetos, pero nadie quiere anticiparse. Sobre lo que casi hoy no tiene dudas el ministro de Educación de la Nación , Nicolás Trotta , es que el retorno a clases se hará de manera gradual: la fecha de inicio no será igual en todas las provincias, y algunos estudiantes volverán a estar cara a cara con sus docentes antes que otros.
La vuelta será escalonada según las distintas regiones del país, y por niveles. Los primeros candidatos en la lista, según confió Trotta, serán los alumnos que estén en su último año del ciclo primario, sexto y séptimo grado según la jurisdicción; y quinto y sexto año del secundario de acuerdo con las modalidades de bachiller y técnica. Sobre estos dos grupos está puesto el foco porque Trotta reconoce que solapar los ciclos lectivos 2020 y 2021 no es una opción viable en estos casos.
En las escuelas porteñas, por el momento, en lo único que se piensa es en reforzar los vínculos entre docentes y alumnos, en intentar por todos los medios posibles que la brecha educativa no se profundice. El mayor esfuerzo está puesto en reforzar los contenidos de la plataforma virtual Mi Escuela, y en avanzar en la nómina de todos los alumnos porteños para identificar a los que necesitan más ayuda.
En esos objetivos trabaja el jefe de gabinete del ministerio de Educación porteño, Luis Bullrich, que coincide con Trotta en aplicar el sistema de gradualidad en el regreso a clases. "Miramos al hemisferio Norte para evaluar otras experiencias.
En Noruega los chicos comenzaron a ir tres veces por semana, divididos por grados. Por el momento nosotros no analizamos esa posibilidad. También en algunas escuelas de China instalaron en las aulas unos gabinetes tipo box para aislar a cada alumno. Algo imposible de aplicar en nuestra realidad (reconoce Bullrich). Hay otras propuestas que sugieren suspender los recreos. No creemos que eso sea viable".
En una primera etapa, coinciden Trotta y Bullrich, seguramente se cancelen todos los talleres y las actividades extraescolares. También, anticipan, se suspenderán los viajes de egresados y las fiestas de fin de año. "Hay un costo académico y un costo emocional en ese sentido para los estudiantes que están en los últimos años de cada ciclo. Habrá que buscar alternativas posibles", sugiere Bullrich.
La evaluación de los alumnos en esta experiencia académica virtual es otro de los puntos que se discuten por estos días. Cada escuela trabaja con lineamientos propios. Hay docentes que hacen devoluciones conceptuales, y otros casos sobre todo en colegios privados donde los alumnos reciben una nota numérica, indicó La Nación.
El primer cierre del bimestre escolar está cerca, con fecha el 8 de mayo próximo, pero en la necesidad de no profundizar la brecha educativa, Trotta es tajante: "No creo que esta deba ser una instancia para evaluar.
Es una situación que los alumnos no gobiernan, y la realidad en cada familia es distinta. Hay padres que pueden acompañar a su hijo y otros que no.
Hay hijos únicos y otros que tienen que compartir la única computadora que hay en la casa con cuatro, cinco o seis hermanos. Evaluar en este momento no genera un impacto positivo en los alumnos ni en las familias.
Tampoco suma en lo pedagógico. Creo que hay que valorizar el esfuerzo de lo que cada uno puede hacer. En una Argentina tan desigual, sabremos cuánto más grande es la brecha educativa recién cuando los alumnos vuelvan a las aulas", concluye Trotta.