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El País #Salta

La comunidad wichí atraviesa una realidad dramática y urgente a la que no le dan solución

Los reclamos por las necesidades básicas se repiten en la gestión de Gustavo Sáenz. No hay soluciones y el presupuesto del Estado se diluye en cuestiones menos urgentes que la vida humana.

El dramático deceso de una joven wichí, que no pudo llegar a recibir atención médica ya que el auto que la transportaba quedó varado en un casi inaccesible camino interno de la provincia de Salta, desnudó una vez más una realidad que golpea, no solo a una comunidad, sino a un conjunto de ciudadanos que, cuando pueden expresarse, manifiestan estar olvidados de la mano del estado provincial.

 

A lo largo del año los reclamos de las diferentes comunidades se van multiplicando y sus voces, que casi no son escuchadas, repiten como en una letanía las necesidades básicas y fundamentales insatisfechas. Que en pleno siglo 21 parecen dignas de la edad media.

 

Por otra parte las medidas que se implementan del lado de los que deberían gestionar también tienen que ver con arcaicos mecanismo de poder que parecían estar olvidados.

 

En ese sentido, hace apenas unos días, el gobernador de Salta, Gustavo Sáenz, mudó a todo su gabinete a la localidad de Pichanal con el objetivo de frenar una marcha de 150 indígenas que se dirigen a la capital pero no pudo desactivarla.

 

La “Histórica Marcha de Unidad de las Comunidades Originarias de Salta” comenzó en Santa Victoria Este, con el objetivo de llegar a la capital salteña para solicitar una mesa de diálogo intercultural con el gobernador para aplicar una agenda política que tenga en cuenta sus derechos.

 

Pese a sus promesas de campaña respecto de las comunidades originarias, apenas dos meses después de asumir, en Salta ya habían fallecido 8 niños wichís por desnutrición. Una vez más la comunidad sintió que fueron convertidos en números funcionales a una campaña y en promesas vacías de gobernantes inescrupulosos que usufructúan sus necesidades y los olvidan una vez llegados al poder. A un año de su asunción las cosas han empeorado.

 

La realidad de las comunidades reclamantes continúa siendo postergada y no se han realizado ningún avance respecto de los diferentes reclamos expresados. Los indígenas salteños siguen postergados. Los niños siguen muriendo por desnutrición y enfermedades evitables, escasea el agua para consumo humano y la pesadilla se repite en otra gestión de Gobierno como desde hace muchos años. Y el presupuesto del Estado se diluye en gastos menos urgentes que la vida humana.

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