Con los 490 fallecimientos en la jornada de ayer, Argentina llegó a más de diez mil muertes en un mes. Esto refleja el impacto de la segunda ola. Entre el 11 de abril y ayer se registraron casi 660 mil nuevos casos. Lugares públicos con carteles que indican el protocolo vigente en el territorio nacional se volvieron una postal tradicional.
Carteles y folletería que la población ignora con total indiferencia, normas que la mayoría de los habitantes deberían implementar, pero en su afán de negar la brutalidad de la pandemia, deciden hacer caso omiso.
Durante la última semana, el promedio de contagios diarios rondó los veinte mil acorde a información del ministerio de Salud.
En muchas ciudades del país, el porcentaje de ocupación de camas de terapia intensiva supera el 90% según la cartera sanitaria nacional. Cabe destacar que en Buenos Aires seis distritos retrocedieron a Fase 2 y suspenden las clases presenciales por disposición del gobierno provincial.
Mientras que en Rosario, los contagios bajaron, pero la ocupación de las UTI roza el 99 por ciento según datos de la directora del Hospital Provincial de la Ciudad de Rosario.
Las restricciones han dividido a la población argentina y han enfrentado al Ejecutivo nacional con la oposición, pero entre el personal médico hay consenso: existe un riesgo real de empeorar el sistema sanitario y varios afirman que hay que restringir aún más la circulación de personas.
Las cepas de Manaos, la británica, la india y la norteamericana en el Área Metropolitana de Buenos Aires son un hecho y está demostrado estadísticamente que la cepa brasileña, ha matado en su región en tres meses lo que antes en 365 días.
El virus mostró más agresividad en los jóvenes, quienes todos los fines de semana son protagonistas de fiestas clandestinas, en parte, responsables en su inconsciencia de los casos que se incrementan a pesar de los esfuerzos. Hay que remarcar que el personal de salud nunca ha parado y está muy cansado. Está trabajando con una gran carga al haber mayor necesidad.
Se llega al punto en el que ya no se pueden sumar más recursos, por más hospitales de campañas no hay gente, y los galenos restantes son víctimas de contagios en sus labores y en muchos casos de la muerte.
Cabe destacar que en el primer año de pandemia, más de 78.000 profesionales de la salud se contagiaron de Covid-19 en Argentina y casi 500 murieron en el campo de batalla sanitario.
De forma urgente la población debe dar una vuelta de 180º. La campaña de vacunación disminuyó la letalidad del virus, no logra disminuir a los covidiotas que rondan las calles poniendo en jaque a un sistema de salud cansado, harto, exhausto y decepcionado por la falta de solidaridad social de las personas.
Qué ingenuidad el creer que el contexto pandémico iba a hacernos crecer humanamente como sociedad.