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El País #UnaFechaEspecial

Un recuerdo que se mantiene vivo a 27 años del atentado

El 18 de julio de 1994, el país sufría el peor ataque terrorista de la historia. Una sobreviviente contó lo que vivió aquel día en la mutual judía cuando de milagro salvó su vida en la sede del barrio de Once.

Hacía un año y medio que Anita Weinstein no bajaba las escaleras hasta el subsuelo del edificio de la AMIA, donde está el flamante Centro de Documentación e Información sobre Judaísmo Marc Turkow, del cual es directora emérita.

 

Es un gran archivo con la historia de la comunidad judía, repleto de libros, publicaciones periodísticas, árboles genealógicos y videos, y que, desde 1994, sumó un nuevo objetivo, el de no olvidar el criminal atentado que dejó 85 muertes.

 

Para Anita tuvo un valor especial además del regreso al lugar donde trabaja desde 1985. Por la mañana se descubrió una placa en el Centro de Documentación en memoria de Mirta Strier, su asistente personal y amiga, quien falleció el 18 de julio de 1994, a las 9.53, cuando estalló la bomba.

 

Los ojos y la voz de Anita reflejan su emoción. Un problema informático le salvó la vida. Poco antes de las 9.53 del 18 de julio de 1994, salió de su oficina en el segundo piso del edificio de Pasteur 633 hacia el sector Técnica de la AMIA, ubicado en la parte trasera del predio, para consultar sobre el funcionamiento de su computadora.

 

De la explosión salió prácticamente ilesa, al punto de regresar a la semana siguiente a trabajar —”sentí no debía darle el gusto a los que me quisieron matar”— para continuar con su labor por mantener la memoria.

 

“Cuando me reencontré con mi mamá por primera vez después del atentado, me dijo: ‘Nunca me imaginé que una hija mía sería sobreviviente de un ataque de odio, pensé que con el Holocausto se había aprendido la lección’”, contó con dolor que hoy sigue sin poder entender cómo el fanatismo que provoca el odio puede llevar a matar, quitar una vida simplemente por una ideología.

 

Sobre las nuevas ideologías dijo: “Con mensajes de odio hacia el que piensa diferente, al que se ve diferente, al que vive diferente”.

 

Una muestra en honor a las víctimas

 

Los retratos de las víctimas sobrevivientes del atentado a la AMIA, expuestos en la muestra “Ese día”, “son un acto de memoria colectiva y fueron impresos en papel confeccionado con recortes de diarios de noticias del atentado, por los artesanos Alejandro Gravier y Julio Mroue”, explicó Elio Kapszuk, el curador de la obra.

 

“Utilizamos el soporte como otra forma de comunicar, tienen una marca simbólica”, dijo Kapszuk a Télam, y agregó que se confeccionó “un papel reciclado con un componente identitario: tiene tantos años como el atentado. La imagen de las víctimas están impresas sobre un papel que es de 1994”.

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