El 7 de septiembre de 1996, la música argentina se vistió de luto con la muerte de Gilda en un trágico accidente de tránsito sobre la Ruta Nacional 12, en Entre Ríos, cuando se dirigía a ofrecer un show. Tenía apenas 34 años.
Con el paso del tiempo, su figura trascendió las fronteras del género y se convirtió en un verdadero ícono cultural. Sus canciones siguen sonando con la misma fuerza en fiestas populares, radios y escenarios, manteniendo vivo su legado.
El lugar donde ocurrió el accidente se transformó en un santuario visitado por miles de personas que le rinden culto. Lo mismo sucede en el Cementerio de la Chacarita, donde descansan sus restos y donde sus seguidores, además de recordarla, le atribuyen milagros y favores concedidos, al punto de considerarla una “santa popular”.
Cada aniversario de su partida es una oportunidad para celebrar su música y reafirmar el vínculo indestructible entre Gilda y su pueblo, que la mantiene presente como símbolo de fe, esperanza y alegría.