La Clínica Robles, donde ocurrió el hecho, se presentaba como un centro con trayectoria. En su página web destacaba haber sido inaugurada en 1983 y contar con “quirófanos equipados con tecnología específica para garantizar seguridad en cada intervención”. También ofrecía “habitaciones cómodas con monitoreo, oxígeno, aspiración y personal especializado”.
Las estadísticas que la propia clínica exhibía mencionaban “más de 70 operaciones al mes”, un “98% de satisfacción” y “más de 800 pacientes al año”, incluidos extranjeros que contrataban cirugías estéticas y tratamientos.
Entre los servicios promocionados figuraban procedimientos de medicina estética, como aumento de mamas y glúteos, liposucción, tratamientos láser para la piel, corrección de arrugas, celulitis y várices, remoción de tatuajes e incluso visualización 3D para simular resultados antes de una cirugía. Para el caso de Berlini, fueron contratados un cirujano maxilofacial y un cirujano plástico para colocarle un implante dental.
El episodio ocurrió el 19 de noviembre. Tras advertir que el paciente no respondía, los médicos realizaron maniobras de reanimación sin éxito. Personal del SAME confirmó la muerte a las 16.40. La investigación continúa para determinar responsabilidades y las causas precisas del fallecimiento.