En el corazón del noroeste catamarqueño, donde la naturaleza se expresa en su forma más pura y silenciosa, se encuentra uno de los paisajes más impresionantes de la Argentina: el Campo de Piedra Pómez, un extenso mar de roca blanca que parece sacado de otro planeta.
Un desierto de piedra y silencio
Ubicado a unos 530 kilómetros de San Fernando del Valle de Catamarca, dentro del departamento de Antofagasta de la Sierra, el área natural protegida sorprende por su inmensidad y su aspecto surrealista. Las formaciones, moldeadas durante miles de años por la erosión del viento y la actividad volcánica, se asemejan a olas petrificadas que se extienden hasta donde alcanza la vista.
Una joya natural de difícil acceso
El Campo de Piedra Pómez es una de las reservas más impactantes y menos exploradas del país. Su acceso no es sencillo: para llegar desde la capital catamarqueña se debe tomar la ruta 38 hacia el sur, luego la 60 al oeste, continuar por la ruta nacional 40 y, desde El Eje, ingresar por la ruta 43 hasta Antofagasta de la Sierra.
A partir de la localidad de Villa Vil, el camino se convierte en un desafío: son 161 kilómetros de ripio y zonas desérticas, rodeadas por montañas y sin señal telefónica. Por eso, se recomienda realizar el recorrido con vehículos 4x4 y con la guía de un conocedor de la zona, ya que el aislamiento es casi total.
Un destino para aventureros
Las excursiones guiadas suelen incluir paradas en los Gigantes de Piedra Pómez, los Balcones de Laguna Purulla y la Lagunita Escondida, puntos panorámicos desde donde se puede apreciar la magnitud del paisaje. La experiencia combina aventura, contemplación y la sensación de estar en un territorio donde el tiempo parece haberse detenido.