Este 14 de febrero, Día de los Enamorados, una historia conmovedora en el Instituto Maternidad de la ciudad destaca por su profundo mensaje de amor, esperanza y lucha. Iris, una mujer de 31 años, madre de tres hijos y paciente oncológica, decidió celebrar su boda en el mismo hospital donde ha enfrentado una dura batalla contra el cáncer de cérvix. Su gesto de casarse en el hospital no solo fue un acto simbólico de amor, sino también una forma de agradecer a todo el equipo médico y de enfermería que la ha acompañado en su tratamiento durante años.
Una larga batalla y un sueño hecho realidad
Oriunda de Amaicha del Valle, Iris ha recorrido un arduo camino de quimioterapia y radioterapia, enfrentando desafíos físicos y emocionales. Sin embargo, más allá de la enfermedad, encontró en el Instituto Maternidad no solo una atención profesional de excelencia, sino también un trato humano y cálido que la hizo sentir en un segundo hogar.
En todo este proceso, Iris no estuvo sola. Su pareja Leonardo, quien siempre estuvo a su lado, no solo la apoyó emocionalmente, sino que también cuidó de sus hijos y mantuvo viva la esperanza. Fue en este contexto de lucha y amor inquebrantable que Iris decidió hacer realidad un sueño: casarse con Leonardo.
"Mientras luchaba para salir adelante, sin posibilidad muchas veces de ver a mis hijos, nació en mí la idea de formalizar mi vínculo con mi pareja. Nada fue calculado, todo se fue dando para que los pastores de mi religión evangélica asistieran y nos casaran", comentó Iris visiblemente emocionada. "Gracias a la generosidad de los médicos, enfermeros y todo el personal del hospital, pude alcanzar un sueño y alejar la sombra oscura de una enfermedad sin cura", agregó.
María de los Ángeles Soraire, médica paliativista y coordinadora del equipo de cuidados paliativos del Instituto Maternidad, explicó que, aunque Iris se encontraba internada debido a una descompensación por su cáncer avanzado, estaba próxima a recibir el alta para regresar a su hogar. Durante ese tiempo, la paciente manifestó su deseo de casarse antes de dejar el hospital, considerando que allí había recibido un acompañamiento invaluable.
"Fue un momento realmente grato y emotivo. La vimos muy feliz y emocionada. Para ella, esta boda significó una forma de demostrar que el vínculo con su pareja trascendía la adversidad, pero también que todos los que la cuidaron en la maternidad eran parte de su historia. Nos hizo sentir que no solo estamos en los momentos difíciles, sino también en los felices", relató la doctora Soraire.
La ceremonia, sencilla e íntima, contó con la presencia del equipo médico y de enfermería que ha acompañado a Iris a lo largo de los años. Aunque algunos especialistas no pudieron asistir, la alegría de Iris y Leonardo fue compartida por todos los presentes.