El fallecimiento de dos efectivos del Ejército Argentino en menos de 72 horas, uno de ellos ocurrido en la Quinta de Olivos, generó una fuerte preocupación en el Gobierno nacional y aceleró una revisión interna sobre el estado psicológico del personal de las Fuerzas Armadas. La situación encendió señales de alerta en el Ejecutivo, que decidió tomar cartas en el asunto y avanzar con cambios en los sistemas de control y seguimiento.
En la Casa Rosada reconocen que se reforzarán los mecanismos de evaluación y acompañamiento psicológico, especialmente en el caso de los uniformados que cumplen funciones armadas en contextos de alta exigencia. Según explican fuentes oficiales, la decisión no implica desmantelar el esquema actual, sino profundizarlo y hacerlo más eficaz. Las tres fuerzas ya cuentan con controles psicofísicos periódicos, pero el Gobierno considera necesario sumar instancias adicionales de seguimiento y mejorar la detección temprana de situaciones de riesgo emocional.
En ese marco, el Ministerio de Defensa trabaja en una actualización de los protocolos que regulan la aptitud del personal para determinados destinos sensibles, como la custodia presidencial y los operativos de seguridad permanente. El eje estará puesto en un acompañamiento psicológico sostenido y en una mayor intervención de los servicios de sanidad militar, con el objetivo de evitar que cuadros de estrés, endeudamiento o desgaste profesional queden fuera del radar institucional.
La discusión reabrió además un debate que atraviesa históricamente a las Fuerzas Armadas: la cuestión salarial. En despachos oficiales admiten que los ingresos de los efectivos constituyen un factor de preocupación y que impactan de manera directa en el bienestar general del personal. Por ese motivo, el Gobierno analiza completar el esquema de recomposición salarial definido durante la gestión anterior, que quedó inconcluso, como parte de una estrategia integral para mejorar las condiciones de vida y trabajo dentro de las fuerzas.