La estrategia energética diseñada por la administración de Javier Milei enfrenta su primera gran prueba de fuego ante la escalada bélica en Medio Oriente. El conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán disparó los valores internacionales del Gas Natural Licuado (GNL), generando una "zona de turbulencia" que impactará de lleno en las boletas de los usuarios residenciales e industriales de nuestra provincia y del resto del país.
A diferencia de años anteriores, donde la empresa estatal ENARSA ejecutaba las compras con fondos del Tesoro, el Gobierno decidió que la importación ahora sea realizada por empresas privadas a su propio costo. Sin embargo, la volatilidad del mercado global y el cierre de rutas estratégicas complicaron la previsibilidad de este plan, justo cuando el país se prepara para los meses de mayor demanda.
A pesar del potencial de Vaca Muerta, la falta de obras de transporte troncal obliga a la Argentina a seguir dependiendo de la llegada de barcos regasificadores. Según fuentes del sector, se estima que para este invierno el país necesitará adquirir poco más de 20 buques de GNL para compensar el faltante de producción local.
Este escenario tendrá un costo adicional estimado en 500 millones de dólares. Si bien el aumento del precio del petróleo podría aliviar las cuentas públicas a nivel macro, ese beneficio no llegará al consumidor final. Por el contrario, la Secretaría de Energía ya modificó los períodos estacionales para que el valor "invernal" del gas se cargue íntegramente en las facturas de este año, fijando este lapso desde el 1º de mayo al 30 de septiembre.
Con las fechas críticas de licitación fijadas para el mes de abril, la incertidumbre crece en torno al precio que las empresas trasladarán a sus clientes. En un contexto de alta inflación, los santiagueños deberán afrontar un invierno con tarifas de gas y electricidad mucho más elevadas, producto de una combinación entre la nueva política energética nacional y la crisis geopolítica internacional.