El sistema de vacunación infantil en Argentina atraviesa uno de sus peores momentos: las coberturas de vacunas esenciales se desploman a medida que los niños avanzan en edad, y la situación es particularmente crítica en la inmunización contra el Virus del Papiloma Humano (VPH). En 2024, apenas el 55,5% de las niñas y el 50,9% de los varones completaron la vacunación contra el virus, muy por debajo de los niveles necesarios para prevenir brotes y reducir la incidencia de cánceres vinculados a la infección.
El VPH es la infección de transmisión sexual más frecuente a nivel mundial: se estima que cuatro de cada cinco personas sexualmente activas la contraerán en algún momento de su vida. Aunque la mayoría de los casos son asintomáticos y desaparecen espontáneamente, la infección persistente puede derivar en distintos tipos de cáncer, especialmente cervical, anal, vaginal y vulvar. Por eso, la prevención —mediante educación sexual integral, controles ginecológicos, uso de preservativo y vacunación— es clave.
Según especialistas, el principal desafío no es iniciar los esquemas, sino garantizar que se completen. Datos oficiales muestran que mientras la cobertura de la primera dosis se mantiene relativamente alta, los refuerzos caen drásticamente: a los cinco años, por ejemplo, apenas entre el 45 y 47% de los niños reciben los refuerzos de triple viral y varicela. Este patrón de disminución se repite durante la adolescencia, impactando directamente en la protección frente al VPH.
“El calendario argentino es uno de los más completos de la región, pero la protección efectiva depende de completar todas las dosis. Cada consulta médica es una oportunidad para revisar el carnet y asegurarse de que los niños y adolescentes estén al día”, advirtió Fernando Burgos, pediatra del Hospital Austral.
La tendencia descendente es sostenida desde hace una década: entre 2015 y 2024, la cobertura del VPH cayó del 87% al 55% en mujeres y del 71% al 51% en varones. Los expertos alertan que esta disminución no solo expone a los individuos, sino que también incrementa el riesgo sanitario de la comunidad ante la reaparición de enfermedades prevenibles.