En medio de las dificultades económicas, la historia de Nicolás Laureano se convirtió en un ejemplo de esfuerzo y perseverancia. A sus 35 años, este barbero decidió instalar su lugar de trabajo en el Parque 20 de Febrero, donde cada día atiende a vecinos y transeúntes para ganarse la vida.
Nicolás viaja diariamente desde Atocha hasta la capital salteña. Su rutina comienza temprano, con el objetivo de conseguir clientes suficientes que le permitan cubrir sus gastos básicos, entre ellos el pasaje de colectivo.
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Con sus herramientas a cuestas y sin un local fijo, transforma un espacio del parque —ubicado cerca del Hospital Materno Infantil de Salta— en una barbería improvisada. Allí, entre árboles y bancos, ofrece cortes de pelo a precios accesibles, apostando al trabajo honesto como motor de superación.Quienes frecuentan el lugar destacan no solo su habilidad con las tijeras, sino también su actitud y constancia. Su historia refleja la realidad de muchos trabajadores que, frente a la falta de oportunidades formales, reinventan su oficio para seguir adelante.
Lejos de rendirse, Nicolás sigue apostando a crecer con su profesión y sueña con poder tener, algún día, su propio local. Mientras tanto, cada corte en el parque es un paso más en su camino de esfuerzo y dignidad.
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