La situación de calle en Argentina dejó de afectar exclusivamente a personas en situación de vulnerabilidad histórica y comenzó a alcanzar a familias, jubilados, trabajadores, jóvenes y mujeres que, tras perder sus ingresos o no poder afrontar el costo de un alquiler, se vieron obligados a vivir a la intemperie.
Así lo revela un informe de la Fundación para el Desarrollo Humano Integral (FDHI), que advierte sobre un cambio en el perfil de quienes hoy atraviesan esta problemática. Según el estudio, la calle pasó de ser un fenómeno marginal a convertirse en la consecuencia más extrema de la crisis económica, laboral y habitacional que atraviesa el país.
El relevamiento sostiene que muchas de las personas que actualmente viven en la vía pública nunca habían atravesado una situación similar. La pérdida del empleo, la caída del poder adquisitivo, el endeudamiento y la imposibilidad de sostener un alquiler aparecen como las principales causas que empujan a miles de argentinos a perder su vivienda.
El informe también expone datos preocupantes sobre las condiciones de vida de esta población. Apenas el 14,8% terminó la escuela secundaria, el 61,5% no recibe asistencia económica estatal, mientras que más de la mitad aseguró haber sufrido hechos de violencia desde que vive en la calle. Además, solo una de cada tres personas pudo acceder a un control médico durante el último año.
Los especialistas señalaron que el alquiler se convirtió en la principal frontera entre conservar una vivienda o quedar en situación de calle, en un contexto donde cada vez más hogares destinan una parte importante de sus ingresos al pago de la renta y crecen las modalidades habitacionales precarias.
Frente a este panorama, la fundación pidió fortalecer las políticas públicas de prevención, ampliar las soluciones habitacionales y crear dispositivos de acompañamiento que permitan evitar que quienes atraviesan una crisis económica terminen perdiendo su hogar.
El estudio concluye que la situación de calle ya no representa únicamente la exclusión social extrema, sino también el reflejo de una nueva realidad: la de personas que trabajaban, alquilaban y llevaban una vida estable, pero que hoy no logran sostener el derecho básico de tener un techo.