La historia de Lucía Mariño es un claro ejemplo de perseverancia y creatividad. Lo que comenzó como una necesidad personal terminó convirtiéndose en un emprendimiento exitoso que hoy marca tendencia en el mercado alimenticio.
Todo empezó cuando, a los 12 años, decidió dejar de consumir carne por elección propia. En aquel entonces, la oferta de productos veganos era muy limitada, lo que la llevó a experimentar en la cocina para adaptar comidas tradicionales sin ingredientes de origen animal.
Años más tarde, mientras estudiaba Bellas Artes en la ciudad de La Plata, se encontró con la dificultad de conseguir alimentos acordes a su estilo de vida. Fue allí cuando comenzó a preparar tortas, empanadas y tartas, que primero compartió con familiares y amigos, quienes impulsaron su idea de emprender.
Con apenas 19 años, fundó Un Rincón Vegano y empezó vendiendo en la calle y en ferias de Berazategui, su ciudad. Su gran desafío fue reinventar uno de los productos más emblemáticos del país: el alfajor.
“¿Por qué no veganizar un producto tan característico de Argentina?”, se preguntó. Sin recetas previas, creó su propio “laboratorio” para lograr sabores similares a los tradicionales, pero sin ingredientes de origen animal.
El crecimiento fue paulatino, pero constante. Con el tiempo, el emprendimiento se consolidó hasta contar hoy con una fábrica propia, una amplia variedad de productos y una producción que supera el millón de alfajores anuales.
“El objetivo es que no notes la diferencia, que tenga el mismo sabor que cualquier alfajor”, explicó la emprendedora, quien destaca que el camino no fue fácil, pero valió la pena.
Su historia refleja cómo una idea nacida desde la convicción personal puede transformarse en un proyecto exitoso, capaz de abrir nuevas oportunidades dentro de la industria alimentaria.