En el marco del Día Mundial del Riñón, especialistas alertaron sobre el impacto de la enfermedad renal crónica (ERC), una patología que afecta aproximadamente a 1 de cada 10 adultos en el mundo y que, en Argentina, presenta una prevalencia estimada de entre el 10% y el 12% de la población adulta.
La enfermedad es considerada una de las que más crece a nivel global y actualmente afecta a más de 850 millones de personas en todo el planeta. En muchos casos, quienes la padecen desconocen su diagnóstico, debido a que suele desarrollarse durante años sin presentar síntomas evidentes.
Cuando la enfermedad se detecta en etapas avanzadas, puede requerir diálisis o trasplante renal, por lo que remarcan la importancia de la prevención y la detección temprana.
El médico del Servicio de Nefrología del Hospital Británico, Mariano Forrester, explicó que la diabetes y la hipertensión arterial son responsables de más del 60% de los casos de enfermedad renal crónica. Además, indicó que estudios simples como la medición de creatinina en sangre y albuminuria en orina permiten detectar la enfermedad en fases tempranas y frenar su progresión.
Por su parte, la médica clínica Viviana Cantarutti señaló que el Día Mundial del Riñón busca concientizar sobre la importancia de cuidar la salud renal. “La mayoría de las enfermedades renales avanzan de manera silenciosa, en sus etapas iniciales no suelen dar síntomas, por eso el chequeo es fundamental”, destacó.
Los especialistas indicaron que tienen mayor riesgo de desarrollar esta enfermedad las personas con diabetes, hipertensión, enfermedades cardíacas o antecedentes familiares de insuficiencia renal.
En los últimos años también se registraron avances en los tratamientos, como nuevas terapias farmacológicas que reducen la progresión del daño renal y el riesgo cardiovascular, además de mejoras en las técnicas de diálisis, con mayor eficiencia y menor impacto ambiental.
Entre las principales medidas de prevención, los profesionales recomiendan controlar periódicamente la presión arterial, mantener una alimentación equilibrada, reducir el consumo de sal, realizar actividad física y evitar la automedicación con antiinflamatorios, especialmente en personas con factores de riesgo.