El Gobierno prepara el terreno para una campaña agrícola clave: gracias al renovado impulso internacional del precio de la soja y a la proyección de cosechas históricas de maíz y trigo, se espera que el agro argentino aporte un volumen de divisas que podría superar ampliamente los resultados del año anterior. Para la campaña 2025/26, aun con una producción de soja algo menor, la mejora en los valores de mercado incrementaría el valor total de la producción en unos 1.400 millones de dólares.
Pero el campo no depende solo de la soja: el alza proyectada en los rendimientos y el área sembrada de cereales y granos gruesos permite prever un salto global del 10 % en la producción combinada de los principales cultivos respecto al año previo. Ese incremento —en caso de concretarse— ubicaría a la cosecha como una de las más fructíferas de los últimos años.
Ante ese panorama, la expectativa oficial es que el flujo extra de dólares del agro contribuya decisivamente a estabilizar la macroeconomía, fortalecer las reservas del Banco Central y facilitar el cumplimiento de compromisos económicos internacionales. Además, se señala al sector rural como un pilar esencial para la recuperación económica, en un contexto crítico de necesidad de divisas.
De concretarse este escenario, el campo se consolidaría nuevamente como motor de la economía nacional, reforzando su rol estratégico para afrontar desafíos financieros de corto y mediano plazo.