Un impactante operativo de Gendarmería Nacional desbarató una peligrosa red de tráfico sobre la Ruta Nacional 38, a la altura de Huacra, en el límite entre Tucumán y Catamarca. Los efectivos detuvieron a diez personas que viajaban en un colectivo de larga distancia transportando más de 500 cápsulas de cocaína ocultas en sus propios cuerpos y prendas.
El procedimiento se desencadenó durante un control de rutina a un ómnibus que provenía de Aguas Blancas, Salta, con destino final en Mendoza, operando bajo la clásica fachada de un "tour de compras". Los agentes del Escuadrón 71 "Aguilares" detectaron rápidamente que una de las pasajeras perdió la calma. Ese rictus de extremo nerviosismo fue la pieza clave que terminó por derrumbar toda la operación criminal.
Al requisarla de forma exhaustiva, el personal femenino encontró envoltorios con droga adheridos a su cuerpo. La inspección se profundizó en el vehículo y los uniformados hallaron más paquetes ocultos en las butacas y entre la ropa de otras dos mujeres. Ante esta avalancha de evidencias, los gendarmes sospecharon de una modalidad mucho más macabra y letal: la ingesta de cápsulas.
Bajo las directivas de la Justicia Federal tucumana, los involucrados fueron internados de inmediato y de extrema urgencia en los hospitales de Santa Ana y Los Sarmientos para someterlos a placas radiográficas. Los estudios médicos confirmaron el peor escenario: otras seis personas tenían sus organismos literalmente repletos de estupefacientes.
Inmediatamente se activó una estricta custodia médica y policial para supervisar la expulsión, dado que el riesgo de muerte por el estallido de un solo envoltorio plástico en el tracto digestivo es casi del 100%. Tras horas de máxima tensión clínica, los diez detenidos lograron evacuar un total de 503 cápsulas.
El pesaje final arrojó más de seis kilogramos de cocaína ingerida que, sumados a la droga secuestrada en las prendas íntimas y los asientos, superaron ampliamente los 10 kilos totales. Las autoridades advirtieron que esta despiadada red de tráfico capta a personas vulnerables para utilizarlas como envases humanos, una modalidad que se encuentra en alarmante crecimiento en todo el corredor norte del país.