En Argentina, la inflación es un promedio. Y como todo promedio, esconde historias muy distintas dentro del changuito. El dato oficial del INDEC para noviembre de 2025 dice que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) subió 2,5% mensual, acumuló 27,9% en lo que va del año y registró 31,4% interanual.
Pero detrás del número nacional aparecen los precios que verdaderamente "mandan" en la vida cotidiana: los alimentos, la higiene básica y algunos consumos de hábito. En varios casos, los aumentos fueron muy superiores al promedio y, aun así, se mantuvieron en la compra habitual. No porque las familias no sientan el golpe, sino porque no pueden (o no quieren) cortar del todo ciertos productos: por necesidad, por costumbre, por falta de sustitutos reales o porque "se recorta en todo… menos en esto".
Para medirlo, este informe toma una base oficial del INDEC: "Precios promedio al consumidor de un conjunto de elementos de la canasta del IPC" para el Gran Buenos Aires (GBA), comparando noviembre 2024 vs. noviembre 2025.
El ranking: los 10 productos que más subieron (en un año)
Variación interanual (nov-24 → nov-25), precios promedio INDEC-GBA.
Asado (kg): de $7.523,73 a $13.304,75 → +76,8%
Cuadril (kg): de $9.131,39 a $16.063,71 → +75,9%
Nalga (kg): de $9.639,90 a $16.740,11 → +73,7%
Paleta (kg): de $7.608,72 a $13.024,15 → +71,2%
Café molido (500 g): de $7.470,92 a $12.296,68 → +64,6%
Carne picada común (kg): de $5.020,98 a $8.018,07 → +59,7%
Aceite de girasol (1,5 l): de $3.295,82 a $5.182,99 → +57,3%
Banana (kg): de $2.063,02 a $3.058,95 → +48,3%
Manzana deliciosa (kg): de $2.406,75 a $3.443,90 → +43,1%
Hamburguesas congeladas (4 u): de $4.034,79 a $5.756,54 → +42,7%
Lectura rápida del ranking:
La lista la domina la carne vacuna (5 de 10 puestos).
Aparecen dos "anclas" del consumo diario: aceite (para cocinar) y café (hábito).
También entran frutas (banana/manzana), típicamente sensibles a estacionalidad, logística y oferta.
Y el contraste es fuerte: mientras el IPC general marca 31,4% interanual, estos productos subieron entre 42% y 77%.
Entonces, ¿por qué "seguimos comprando igual"?
La respuesta corta: no compramos igual. Compramos parecido, pero con cambios finos que se notan en el día a día: menos cantidad, otras marcas, otros cortes, más promociones, más financiamiento.
El INDEC ofrece una pista clave: en la Encuesta de Supermercados (septiembre 2025), el índice de ventas a precios constantes (volumen) mostró una caída interanual de 0,8%, pero el acumulado enero–septiembre 2025 dio +2,7% respecto del mismo período de 2024. Es decir: el consumo masivo no se desploma, se reordena.
Lo que no se corta: "inelásticos", básicos y hábitos
1) La carne no desaparece: se transforma.
Que la carne lidere el ranking no sorprende: es un consumo central en la dieta argentina. Lo que cambia es cómo se compra:
Se reemplazan cortes caros por otros más rendidores.
Aumenta la mezcla (picada, milanesas más finas, guisos).
Se alterna con opciones congeladas y se ajusta el "momento" (cuando hay promo).
En números: asado +76,8%, cuadril +75,9%, nalga +73,7%, paleta +71,2%, picada +59,7%.
2) El aceite es un "impuesto silencioso" a la cocina
El aceite no suele ser protagonista de debates, pero pega en todo: frituras, horno, salteados, milanesas, tortillas. Si sube, sube el costo real de cocinar. En un año: +57,3% (botella 1,5 l).
3) El café: lujo pequeño, hábito grande
El café es un caso "social" perfecto: se vuelve caro, pero mucha gente lo sostiene porque es un ritual cotidiano (casa o trabajo). En un año: +64,6% (500 g).
En supermercados, el pago ya no es un detalle: es parte del precio final.
En septiembre de 2025, las ventas a precios corrientes se distribuyeron así:
Efectivo: 16,2%
Tarjeta de débito: 26,4%
Tarjeta de crédito: 44,1%
Otros medios: 13,3% (billeteras virtuales, QR, vales, gift cards, ticket canasta, etc.).
El dato muestra una pista: con ingresos apretados, muchas familias sostienen consumo con financiación, reintegros, cuotas, promociones bancarias o billeteras. En criollo: el changuito se llena, pero se paga distinto.
Cinco cambios típicos que explican por qué el consumo resiste aun con productos disparados:
Cambio de marca (primera a segunda, o de premium a estándar).
Cambio de presentación (más chico o más grande según convenga por precio por unidad).
Cambio de canal (mayorista, almacén, feria, combos, compras comunitarias).
Cambio del producto dentro del rubro (carne: corte → picada → congelado, según promo).
Más tiempo para encontrar precio: el "costo oculto" de la crisis es el tiempo de búsqueda.
Caso cultural: la yerba mate, el consumo que no afloja
Aunque en el ranking de aumentos interanuales (GBA) la yerba no aparece como la que más subió, es un termómetro social: se compra incluso cuando se recorta todo lo demás. Y el sector tiene un indicador oficial que suele leerse como "góndola": la salida de molino.
Según el Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM), en octubre de 2025 la salida de molino al mercado interno fue de 21.955.628 kg, y el acumulado enero–octubre 2025 totalizó 229.062.123 kg. El propio INYM señala que ese movimiento es el indicador "más cercano" al comportamiento en góndola porque incluye envíos a centros de distribución y compras de mayoristas, hipermercados y supermercados.
Contexto macro: por qué el promedio no explica el plato
El IPC general de noviembre 2025 fue 2,5% mensual, y las divisiones que más subieron en el mes fueron Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles (3,4%) y Transporte (3,0%).
Esto importa porque los alimentos no se mueven solos: logística, energía, alquileres, servicios y transporte forman parte del costo. El resultado es un mapa desigual: algunos precios se moderan, otros se disparan, y la familia hace "ingeniería" para sostener lo básico.
En 2025, el changuito no cuenta solo inflación: cuenta prioridades. Cuando el asado, el aceite o el café se ubican 20, 30 o 40 puntos por encima del promedio anual, el consumo no desaparece de golpe: se vuelve táctico. Se negocia con marcas, con cortes, con promociones, con QR, con cuotas y con tiempo.
No es que "compramos igual". Es que en Argentina, comprar es resistir.