Guadalupe Ortiz es una jujeña que desafía estereotipos desde la carnicería y compartió su historia, su experiencia y los desafíos de trabajar en ese rubro.
“Antes ya había mujeres trabajando, no solo en caja o en lo administrativo", contó. Sin embargo, ella quiso ir más allá: “Quise aprender un poco más para dar una mano, porque se redujo el personal. Me gusta mucho el rubro y quería servir para algo más”.
Fue así como dio un paso clave: aprender a despostar, una de las tareas más complejas del oficio. “Decidí aprender a depositar. Eso ya es como otro nivel para mí”, explicó. Su tarea consiste en recibir medias reses, desarmarlas y preparar los cortes para la venta. Entre risas, admitió que la ternera es la más difícil “porque es cara y no le podés pifiar ni un pedacito”.
Sobre los prejuicios dentro del rubro, fue clara: “Se aprende en ambientes un poco más hostiles, muy bien machistas también, pero nada que no se pueda enfrentar demostrando con hechos. Lo que a mí me ayudó fue aprender mucho con el tiempo. Esta es mi carrera universitaria”, dijo. “Estuve cinco años aprendiendo de a poquito, y recién este año me animé a mi ‘práctica profesional’: la carnicería desde cero”.
Lo que más la emociona es el impacto que genera en otros: “Poder mostrarme como mujer haciendo esta labor que para muchos es de hombres es muy importante para mí”, afirmó. “Me resulta conmovedor cuando alguien me saluda y me dice que le sorprende lo que hago”.
Sobre el salario, Guadalupe aclaró que “cobramos lo mismo que los varones, excepto por la diferencia de años trabajados. La mayoría lleva 20 años en el mercado, yo solo cinco”.
“Me gustaría meterle un poquito más al Instagram, hacer una página web de a poquito, fomentar y enseñar, que es lo que más me gusta”, finalizó.