El Juzgado Nacional en lo Comercial N°7 decretó la quiebra de Garbarino y ordenó la liquidación final de la emblemática empresa de electrodomésticos, que atravesaba una profunda crisis desde hacía varios años. La firma se encontraba en concurso preventivo desde noviembre de 2021 y no logró alcanzar un acuerdo con sus acreedores ni concretar la llegada de nuevos inversores.
La decisión fue tomada por el juez Fernando D’Alessandro, quien consideró que no existen condiciones para que el proceso concursal continúe. En la resolución también dispuso mantener la inhibición general de bienes, por lo que la sindicatura deberá avanzar ahora en la identificación y posterior liquidación de los activos de la compañía.
De esta manera, se pone fin a la historia de una de las cadenas de electrodomésticos más importantes de la Argentina, que durante décadas fue líder en el sector. Garbarino fue fundada en 1951 por los hermanos Daniel y Omar Garbarino, y llegó a consolidarse como una de las marcas más reconocidas del rubro.
En junio de 2020, la empresa había sido adquirida por el empresario Carlos Rosales, también vinculado a la aseguradora Prof y exdirigente del club San Lorenzo. Sin embargo, la firma no logró recuperarse de su crisis financiera.
En su mejor momento, Garbarino llegó a tener más de 200 sucursales y alrededor de 4.500 empleados en todo el país. Con el paso de los años, esa estructura se redujo drásticamente y, al momento de la quiebra, solo quedaban tres locales abiertos: uno en la avenida Cabildo, en el barrio porteño de Belgrano; otro en la calle Uruguay, en el centro de la Ciudad de Buenos Aires; y un outlet en el barrio de Almagro.
Durante los últimos años hubo diversos intentos por evitar el cierre definitivo, con negociaciones para incorporar inversores o vender la compañía. Incluso la Justicia había activado el mecanismo conocido como “cramdown”, que permite a terceros presentar ofertas para quedarse con la empresa y acordar con los acreedores.
Sin embargo, ninguna de las negociaciones prosperó. La única firma que se había inscripto en el registro de interesados, Vlinder, finalmente no presentó una propuesta formal de reestructuración, lo que terminó por sellar el destino de la histórica cadena.
El mismo escenario se repitió con Compumundo, la empresa de informática vinculada al grupo, que tampoco logró atraer compradores interesados en quedarse con su paquete accionario.
Con esta resolución judicial, se cierra definitivamente una etapa en el comercio minorista argentino, marcada por la caída de una marca que durante décadas fue sinónimo de venta de electrodomésticos en el país.