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El País

"Hay días que comemos y días que no": Margarita no puede alimentar a sus hijos sin el comedor escolar

Sin el desayuno ni el almuerzo que reciben en la escuela, muchas familias rurales atraviesan el verano con una sola comida diaria y recurren a la caza para subsistir.

“Todo es difícil aquí en El Impenetrable. Yo trabajo de jornalero en el campo, hago postes o manejo a los animales. Se puede vivir apenas con eso. No nos alcanza”, relata Diego Armando Mercado, vecino de la región chaqueña y padre de familia.

En El Impenetrable, la llegada del receso escolar marca un punto crítico para los hogares de bajos recursos. Desde mediados de diciembre, cuando finaliza el ciclo lectivo, hasta marzo, los niños dejan de recibir el desayuno y el almuerzo —o al menos una de esas comidas— que habitualmente obtienen en las escuelas. Esa interrupción impacta de lleno en economías ya debilitadas.

En las zonas rurales, la situación se agrava. Sin ingresos formales estables y con trabajos temporarios o informales, muchas familias deben recurrir a la caza de conejos, pájaros, corzuelas y otros animales del monte para poder alimentarse. En el mejor de los casos, logran una comida diaria.

Especialistas advierten que esta dinámica no solo profundiza la inseguridad alimentaria, sino que expone a los niños a cuadros de bajo peso y desnutrición, con consecuencias que pueden extenderse en el tiempo.

Mientras tanto, las familias esperan la reanudación de las clases como un alivio parcial, ya que el regreso a la escuela significa también la recuperación de un plato de comida seguro para los más pequeños.

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