El uso de inteligencia artificial en el ámbito jurídico está generando un debate cada vez más intenso: ¿hasta qué punto se puede delegar en una máquina una tarea que exige criterio, precisión y ética profesional?
En las últimas semanas, varios casos en distintos países dejaron en evidencia los riesgos de utilizar estas herramientas sin supervisión. Uno de los más recientes ocurrió en Chubut, donde un tribunal anuló una condena al descubrir que el magistrado había empleado inteligencia artificial para redactar la resolución.
Este episodio no es aislado. Según un relevamiento internacional realizado por especialistas en derecho y tecnología, al menos 23 abogados fueron sancionados desde 2023 por presentar escritos elaborados con IA que contenían fallos inventados, argumentos falsos o citas imposibles de verificar. Algunos jueces califican el fenómeno como una verdadera “epidemia de alucinaciones de la IA” dentro del sistema judicial.
Las penalidades impuestas van desde multas de 150 a 85.000 dólares, suspensión temporal, devolución de honorarios e incluso denuncias ante tribunales de ética. En la mayoría de los casos, los magistrados destacaron que reconocer el error a tiempo y capacitarse en el uso responsable de estas herramientas podría haber mitigado las sanciones. Sin embargo, no todos optaron por la sinceridad.
“Me hackearon” y otras excusas insólitas
Entre las justificaciones más llamativas, abundan las historias difíciles de creer. Algunos abogados aseguraron no saber que el texto había sido generado por IA o que pensaron que se trataba de un resultado común de internet. Otros culparon a asistentes, clientes o incluso a la falta de tiempo.
Un caso llamativo ocurrió en Nueva York, donde un letrado primero admitió haber usado una herramienta automatizada para redactar su escrito, pero luego afirmó que un virus informático había alterado su documento y agregado las citas falsas. La explicación fue desestimada y el profesional recibió una multa de 1.000 dólares junto con una denuncia ante el comité disciplinario.
Otro abogado, en Alabama, argumentó que utilizó IA porque “cambiar de pestaña en la computadora es difícil”. Dijo que, bajo presión y acompañando a un familiar en un hospital, prefirió una función automática de Word antes que usar una base de datos jurídica oficial. El juez consideró su actitud como “mala fe” y lo sancionó con 5.000 dólares de multa.
“No pude iniciar sesión” y “era solo un borrador”
También hubo quienes culparon a los problemas técnicos. Una abogada de Iowa dijo haber usado IA porque no podía acceder a su cuenta en una base legal profesional. Aunque el tribunal mostró cierta comprensión, igual la obligó a pagar una multa simbólica o realizar un curso de ética aplicada a la tecnología.
Otros sostuvieron que presentaron por error un borrador generado con IA en lugar del documento final, y algunos llegaron a mentir sobre las herramientas utilizadas, atribuyendo los errores a bases de datos reconocidas para ocultar el uso de chatbots.
Un mensaje contundente de los jueces
Más allá del castigo, los tribunales buscan enviar un mensaje claro: no hay excusas válidas para desconocer los límites de la inteligencia artificial. Algunos magistrados incluso apodaron a los infractores como “abogados alucinadores” por presentar textos con datos falsos o inventados.
El juez Michael Slade, de Illinois, fue categórico: “A esta altura, cualquier abogado que no sepa que usar IA generativa para investigar o redactar escritos judiciales es jugar con fuego, está fuera de la realidad”.
Mientras tanto, los sistemas judiciales de distintos países están actualizando sus reglamentos para exigir que los profesionales verifiquen toda la información y asuman la responsabilidad total sobre lo que presentan. Porque, como ya quedó demostrado, la inteligencia artificial puede ser una herramienta poderosa… o un atajo hacia una sanción costosa y pública.