La desaparición de Hilda Beatriz “Betty” Argañaraz se convirtió en uno de los casos policiales más recordados de Tucumán. La docente, de 45 años, salió de su vivienda el 31 de julio de 2006 para dirigirse al Colegio Padre Roque Correa, donde se desempeñaba como directora, pero nunca llegó a destino.
Su ausencia generó una intensa búsqueda que mantuvo en vilo a la provincia durante semanas y terminó revelando un oscuro episodio en el que dos mujeres cercanas a ella quedaron involucradas.
La mañana en que desapareció
Su destino era el colegio donde trabajaba, pero nunca llegó.
Con el paso de las horas, familiares y compañeros comenzaron a preocuparse. Su teléfono dejó de responder y su desaparición fue denunciada ante la Justicia.
La noticia provocó una enorme movilización. Vecinos, docentes y organizaciones participaron de marchas y pedidos públicos para conocer su paradero.
Una investigación llena de interrogantes
Desde el comienzo, los investigadores analizaron el círculo cercano de Betty.
La ausencia de pruebas sobre un posible secuestro y algunas contradicciones en los testimonios llevaron la investigación hacia personas que conocían a la docente y tenían vínculos con ella.
Uno de los puntos clave del expediente fue la relación que Betty mantenía con dos compañeras de trabajo: Nélida “Nené” Fernández y Susana Acosta, quienes terminarían siendo las principales sospechosas del caso.
El engaño del embarazo
La investigación determinó que Nélida Fernández había construido una falsa historia de embarazo y que Betty había sido involucrada en esa situación.
Según la reconstrucción judicial, Fernández habría intentado hacer creer a su entorno que estaba esperando un hijo y que Betty la estaba ayudando con ese supuesto embarazo.
Con el avance de la causa surgieron sospechas de que la desaparición de la docente estaba relacionada con esa mentira y con un intento de ocultar la verdad.
El hallazgo de los restos
Después de meses de búsqueda, en diciembre de 2006 se encontraron restos humanos en una zona rural cercana a la localidad tucumana de Raco.
Las pericias permitieron confirmar que pertenecían a Betty Argañaraz.
El hallazgo puso fin a la incertidumbre sobre su destino, pero abrió una nueva etapa: determinar quiénes habían sido responsables del crimen.
El juicio y las condenas
La causa llegó a juicio y la Justicia consideró que Nélida Fernández y Susana Acosta participaron del homicidio de Betty.
Ambas fueron condenadas en 2009 a 20 años de prisión por el delito de homicidio simple.
Durante el proceso, la fiscalía sostuvo que existió una planificación previa y que la docente fue asesinada en medio de una trama vinculada al engaño del embarazo.
Las acusadas, por su parte, sostuvieron distintas versiones y rechazaron parte de las acusaciones.
El dolor de una familia y una comunidad
La desaparición de Betty Argañaraz marcó profundamente a Tucumán.
Durante meses, su familia mantuvo la esperanza de encontrarla con vida y encabezó pedidos de justicia acompañados por una sociedad que siguió el caso con enorme atención.
Su figura quedó asociada a la de una docente comprometida con la educación y querida por sus alumnos y colegas.
Un caso que dejó una profunda huella
A casi dos décadas del crimen, el caso Betty Argañaraz continúa siendo uno de los episodios policiales más impactantes del norte argentino.
Su desaparición expuso una compleja trama de mentiras, relaciones personales y violencia, pero también mostró la lucha de una familia y una comunidad que nunca dejaron de reclamar respuestas.
La historia de Betty permanece en la memoria colectiva de Tucumán como el recuerdo de una mujer que salió una mañana rumbo a su trabajo y cuya ausencia terminó revelando uno de los crímenes más conmocionantes de la provincia.