Cada 12 de enero, la Argentina conmemora el Día del Pizzero, una jornada dedicada a homenajear a los trabajadores que mantienen viva una de las expresiones más populares de la gastronomía local. La efeméride tiene su origen en la fundación, en 1986, de la Asociación de Propietarios de Pizzerías, Casas de Empanadas y Afines (APPYCE), institución que desde hace casi cuatro décadas impulsa la profesionalización del sector y la defensa del oficio.
La pizza llegó al país de la mano de los inmigrantes italianos, principalmente genoveses y napolitanos, a fines del siglo XIX. Con el paso del tiempo, lejos de reproducir fielmente las recetas europeas, en la Argentina se desarrolló un estilo propio, caracterizado por una masa más alta, una cocción intensa, abundante queso mozzarella y sabores que se adaptaron al paladar local. De esa evolución surgieron variedades que hoy son clásicos indiscutidos, como la muzza, la napolitana con tomate fresco y ajo, la fugazzeta rellena, la fugazza y la tradicional pizza a la cancha, nacida en las inmediaciones de los estadios de fútbol.
El trabajo del pizzero es exigente y silencioso: jornadas extensas, altas temperaturas y un ritmo constante, especialmente en horarios nocturnos y fines de semana. Sin embargo, para muchos, se trata de un oficio aprendido en familia, transmitido de generación en generación y profundamente ligado a la identidad barrial. Las pizzerías funcionan como puntos de encuentro social, donde confluyen trabajadores, familias y amigos alrededor de una mesa compartida.
En los últimos años, el sector experimentó una renovación. Nuevas camadas de pizzeros y pizzeras se formaron en escuelas gastronómicas, incorporando técnicas de fermentación prolongada, selección de harinas y uso de hornos modernos, sin perder la esencia de la pizza tradicional. Este cruce entre tradición e innovación permitió que la pizza argentina gane reconocimiento internacional y se proyecte más allá de las fronteras del país.
El valor cultural de esta tradición fue reconocido oficialmente cuando la pizza argentina fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Ciudad de Buenos Aires, una distinción que pone en primer plano no solo al producto, sino también al saber hacer, al trabajo artesanal y al rol social del pizzero.
En este 12 de enero, el Día del Pizzero se convierte en una oportunidad para reconocer a quienes, con oficio, esfuerzo y pasión, sostienen una costumbre profundamente arraigada en la vida cotidiana de los argentinos y que sigue siendo una de las opciones gastronómicas más elegidas a lo largo y ancho del país.