Este 3 de diciembre se cumplen 33 años del primer mensaje de texto de la historia, un simple “Merry Christmas!” que marcaría un antes y un después en la forma en que el mundo se comunica. El envío estuvo a cargo de Neil Papworth, un ingeniero de 22 años que en 1992 probaba un nuevo sistema para una empresa telefónica. Como los teléfonos móviles aún no contaban con teclado, el mensaje fue escrito en una computadora y enviado al celular de un colega.
En ese entonces, los dispositivos recién comenzaban la transición de la tecnología analógica a la digital. Eran costosos, voluminosos y nadie imaginaba que los mensajes cortos se convertirían en un fenómeno global. La idea del SMS había surgido años antes, cuando ingenieros de distintas compañías europeas propusieron un sistema de textos de hasta 160 caracteres para complementar las llamadas tradicionales. Aquella restricción terminaría moldeando un nuevo estilo de comunicación.
Durante la década del 90, la expansión de teléfonos compatibles impulsó el crecimiento de esta herramienta, con Nokia como una de las marcas pioneras en masificar su uso. A medida que los celulares se volvieron más accesibles, millones de jóvenes adoptaron el SMS como su método preferido para comunicarse. Así nacieron abreviaturas populares como “LOL”, “BRB” y los primeros emoticones creados con caracteres simples.
Con la llegada de los años 2000, el envío de mensajes alcanzó cifras récord, registrándose trillones de SMS por año en todo el planeta. Sin embargo, su popularidad comenzó a declinar con el surgimiento de servicios de mensajería instantánea como WhatsApp y Telegram, que permitían intercambiar fotos, audios y chats ilimitados, además de ofrecer cifrado y costos mucho más bajos.
Aun así, el SMS sigue ocupando un lugar esencial para funciones críticas como la verificación en dos pasos y las alertas de emergencia, gracias a su confiabilidad y a que no depende de conexión a internet.
Años después de aquel primer envío, Papworth reveló que recién adquirió su propio teléfono móvil tiempo más tarde, y que se enteró de la magnitud histórica de su acción cuando fue contactado por un medio británico casi una década después.
El “Merry Christmas” que parecía un simple saludo terminó inaugurando una revolución que transformó la comunicación mundial para siempre.