Un insólito caso llegó al Tribunal de Apelación de Inglaterra y Gales, donde la Justicia enfrenta una situación prácticamente imposible de resolver: determinar quién es el padre de un niño tras comprobar que su madre mantuvo relaciones con dos gemelos idénticos con apenas cuatro días de diferencia.
El conflicto se desató luego del nacimiento del menor, identificado como “P” en los documentos judiciales. En un primer momento, uno de los hermanos fue inscripto como padre en el certificado de nacimiento, pero posteriormente la madre y el otro gemelo iniciaron acciones legales para impugnar esa filiación.
El juez Andrew McFarlane explicó que, debido a la cercanía de las fechas de concepción, “es igualmente probable que cualquiera de los dos hermanos sea el padre”, lo que impide una definición concluyente. En ese sentido, sostuvo que no es posible garantizar la responsabilidad parental de uno solo y dejó abierta la posibilidad de nuevas resoluciones judiciales.
Uno de los puntos más llamativos del caso es que las pruebas de ADN no lograron establecer la paternidad. Esto se debe a que los gemelos idénticos —conocidos científicamente como monocigóticos— comparten el mismo material genético, lo que hace indistinguibles los resultados en estudios convencionales.
Según el National Human Genome Research Institute, estos gemelos provienen de un único óvulo fecundado que se divide en dos, por lo que poseen el mismo genoma. Aunque existen pruebas más avanzadas, su alto costo —que puede superar los 15.000 dólares— y su limitada efectividad complican aún más el panorama.
Ante esta situación, la Justicia británica deberá definir si otorga la patria potestad a uno de los hermanos, a ambos o si espera avances científicos que permitan esclarecer la paternidad en el futuro.
Casos similares ya se registraron en otros países. En Brasil, por ejemplo, la Justicia ordenó que dos gemelos idénticos compartieran la manutención de un hijo, luego de que tampoco pudiera determinarse cuál de ellos era el padre biológico.
El caso abre un nuevo debate sobre los límites de la ciencia en el ámbito judicial y plantea desafíos inéditos en materia de filiación y derechos parentales.