Durante ocho años, Alejandro creyó que había construido una historia de amor a la distancia. Hablar por teléfono durante horas, intercambiar mensajes y compartir proyectos de futuro hicieron que aquel vínculo pareciera real. Sin embargo, cuando decidió viajar para conocer finalmente a la mujer que amaba, descubrió una verdad inesperada: ella nunca apareció y la identidad que le había mostrado no existía.
En 2016, el hombre recorrió alrededor de 1.700 kilómetros desde Comodoro Rivadavia hasta Mendoza con una mochila, un ramo de rosas y un anillo de compromiso. Su objetivo era encontrarse con Luciana Brenda, conocida como “Luli”, la mujer con quien hablaba desde 2007 y con quien imaginaba comenzar una nueva vida.
Pero el esperado encuentro nunca ocurrió.
Alejandro viajó en varias oportunidades a Mendoza intentando ubicarla. Incluso publicó un aviso en el diario Los Andes y recorrió distintos sectores de la ciudad, hospitales y clínicas, ya que ella le había contado que se encontraba acompañando a su madre por un problema de salud.
Con el paso del tiempo, comenzaron a aparecer señales de que algo no estaba bien. La mujer con la que hablaba le había enviado fotografías que luego descubrió que pertenecían a la actriz Emilia Attias. Además, muchos de los datos que le había contado sobre su vida resultaron ser falsos.
Según relató Alejandro, durante años recibió distintas explicaciones para postergar el encuentro cara a cara: enfermedades familiares, problemas laborales y otras situaciones que siempre impedían concretar la cita.
“Eso es lo que todavía no entiendo. ¿Cómo me dejé llevar tanto sin conocer a una persona?”, expresó años después, al recordar aquella historia que terminó convirtiéndose en un misterio.
El hombre aseguró que, pese al engaño, cree que detrás de la comunicación había una persona real. “La voz existía, el lugar existía. El engaño estaba en la foto, en quién era y en lo que hacía”, sostuvo.
La última esperanza llegó cuando viajó nuevamente a Mendoza a comienzos de 2016. Buscó a “Luli” por distintos lugares de la ciudad, esperó en plazas, recorrió calles y consultó en centros médicos, pero nunca logró encontrarla.
A casi una década de aquel episodio, Alejandro todavía intenta entender qué ocurrió. La pregunta que permanece sin respuesta es la misma: “Nunca sabré con quién estaba hablando”.