En Santiago del Estero, cuando el termómetro marca nuestros rutinarios 30/35 grados, el asfalto quema y las veredas se vuelven un desierto, en la intersección de calle Rivadavia y Avenida Colón, hay un señor que desafía al agobiante calor con una dignidad que desarma. Con más de 80 años, con camisa a cuadros y sombrero, ofrece su mercadería a quien quiera detenerse un segundo.
La imagen, capturada por un transeúnte y subida a Facebook, no tardó en viralizarse. "50 de calor y él anda vendiendo su aceite de cannabis. El que puede ayudar va y le da una mano mi gente", rezaba el posteo que encendió la mecha de la solidaridad en las redes sociales.
Un rostro conocido y querido
Lejos de ser un desconocido, la publicación sirvió para que muchos santiagueños compartieran sus experiencias con él. "Es un señor muy trabajador y de grandes valores", comentaban los usuarios, quienes lo identificaron no solo en esa zona, sino también recorriendo la calle Olaechea, ofreciendo pilas y otros elementos para subsistir.
Su presencia es un recordatorio constante de la cultura del trabajo, esa que no sabe de feriados ni de alertas meteorológicas. Pero también, su figura bajo el sol abrasador despertó un debate profundo en la comunidad: la mezcla de admiración por su fortaleza y la inevitable indignación de ver a un adulto mayor expuesto a condiciones tan extremas para poder llevar el pan a su mesa.
Solidaridad santiagueña
"Es un ejemplo de humanidad y calidez", destacó otro vecino. La viralización de su historia no solo busca visibilizar su esfuerzo, sino también multiplicar las manos amigas. Ya sea comprando un aceite, unas pilas o simplemente acercándole una botella de agua fresca, la comunidad santiagueña ha demostrado una vez más que, ante la adversidad, la empatía es el valor que nos define.
En tiempos donde todo parece efímero, este abuelo nos enseña que la dignidad no tiene edad y que el esfuerzo, aunque duela, merece el respeto de toda una ciudad.
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