Una historia cargada de emoción y tristeza se conoció en las últimas horas, luego de que un niño fuera visto en un cementerio visitando la tumba de su madre fallecida para compartir con ella sus logros escolares.
Según relataron testigos, el menor caminó solo entre los pasillos del lugar hasta llegar a la lápida. Allí dejó flores y, con sumo cuidado, sacó de su mochila un cuaderno que colocó frente a la tumba, como si intentara mostrarle sus calificaciones.
En un gesto que conmovió a quienes presenciaron la escena, el niño también exhibió uno de sus exámenes, señalándolo con el dedo mientras le hablaba en silencio. Luego, acarició la lápida con ternura, como si se tratara del rostro de su madre.
Abrumado por la emoción, el pequeño se recostó en el suelo, utilizó su mochila como almohada y se quedó dormido junto a la tumba. Minutos más tarde, un hombre que lo conocía se acercó, lo despertó con cuidado y le explicó que no era apropiado permanecer solo en ese lugar.
Antes de retirarse, el niño se despidió con un abrazo y un beso a la lápida, en una escena que dejó una profunda impresión por el vínculo y el amor que trasciende incluso la ausencia.